Ansiedad infantil

La ansiedad suele ir asociada normalmente a elementos estresantes más propios de la vida adulta o de la adolescencia, sin embargo, la ansiedad infantil puede encontrarse desde las primeras etapas del desarrollo.

La experiencia subjetiva de la ansiedad es un sentimiento de peligro. El contenido del elemento considerado como peligroso y generador de los síntomas de ansiedad puede ser tanto un elemento identificable como no identificable para la persona (consciente/inconsciente) y encontrarse tanto en el entorno actual como estar ausente (real/imaginario).

La ansiedad puede aparecer incluso antes de que el niño esté preparado para enfrentarse a ella de manera efectiva, ya que la capacidad para regular las respuestas y manejar la ansiedad se adquiere de manera progresiva a través de la experiencia, modificándose por tanto a lo largo del desarrollo. De esta manera, a medida que el niño madura, progresivamente será capaz tanto de manejar la ansiedad de una forma más efectiva como también de manejar mayores niveles de ésta.

¿Desde qué edad se puede tener ansiedad?

En los niños más pequeños puede resultar complicado distinguir entre los miedos evolutivos esperables y la ansiedad excesiva e inapropiada. Entre los 7 y los 12 meses, la mayoría de los niños desarrollan temor a los extraños y expresan malestar al ser separados de sus cuidadores. Estos temores pueden manifestarse de forma especialmente intensa entre los 9 y los 18 meses y normalmente tenderán a desaparecer alrededor de los 2 años y medio.

¿Cómo se manifiesta?

child-3182907_1920Las manifestaciones de la ansiedad en los niños pueden incluir desde sentimientos de miedo intenso hasta síntomas somáticos, rechazo al colegio o episodios agudos de ansiedad. En su forma más extrema, puede existir temor a una muerte inminente, mientras que en formas menos intensas el niño puede describir preocupaciones vagas o nerviosismo. De forma frecuente, en los niños la ansiedad se ve relacionada con aspectos relativos a la seguridad tanto propia como ajena (miedo a la enfermedad, pérdida o daño en los progenitores, etc.) o a las consecuencias imaginadas de una situación.

Mientras que determinadas situaciones de ansiedad transitorias son esperables en relación con el desarrollo y las nuevas experiencias, un trastorno de ansiedad se caracteriza por la presencia de ansiedad continuada que puede interferir en la vida cotidiana y el manejo de las experiencias propias de la edad.

¿Cómo afecta al bienestar?

  • A nivel cognitivo, un nivel de ansiedad moderada puede llegar a estimular la actividad cognitiva, mientras que en los niveles más severos puede dificultar los procesos cognitivos y el pensamiento en general. También puede interferir con el sueño, la alimentación, el aprendizaje y las relaciones con los pares.
  • A nivel fisiológico o somático, las respuestas se relacionan con aumento de la tasa cardíaca, aumento o disminución del ritmo de la respiración, pupilas dilatadas, aumento de la tensión muscular, eccemas y neurodermatitis, dolores musculares o dificultades en el funcionamiento gastrointestinal.
  • A nivel comportamental, en los niños altamente ansiosos son comunes las pesadillas, dificultades en el sueño y la alimentación y conductas regresivas.
  • A nivel de relaciones interpersonales, éstas pueden verse interrumpidas o alteradas por los trastornos de ansiedad, así como también las actividades sociales y el aprendizaje.

En algunos casos se puede tratar de episodios transitorios, mientras que en otros puede alcanzar una intensidad que llegue a interferir con el funcionamiento del niño. Además del desarrollo y aspectos relativos al nivel de madurez del niño, el curso de los distintos trastornos de ansiedad es muy variable en función de las propias características del niño y de su entorno. Los patrones familiares, las relaciones con los pares, el ambiente escolar y la estabilidad interna del niño juegan un papel importante en el curso de la ansiedad infantil.


Referencias

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  • Hofer, M. A. (1995). An evolutionary perspective on anxiety. Anxiety as symptom and signal, 17-38.
  • Strauss, C. C. (1990). Anxiety disorders of childhood and adolescence. School Psychology Review.
  • Warren, S. L., Emde, R. N., & Sroufe, L. A. (2000). Internal representations: Predicting anxiety from children’s play narratives. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry39(1), 100-107.
  • ZERO TO THREE (2005) Diagnostic classification of mental health and developmental disorders of infancy and early childhood: Revised edition (DC:0-3R). Washington, DC: Zero to three Press.

 

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