El trastorno de estrés postraumático en la infancia

Desde hace algunos años, se habla del conocido, aunque cuestionado, Trastorno de Estrés Postraumático en el adulto. Quizás por ello es de sobra conocido por todos, en efecto, es uno de los trastornos cuya sintomatología es más conocida por la población no clínica. Conocemos sus causas, sus principales síntomas y la importancia de prestar una adecuada atención e intervención que proporcione la paulatina remisión del trastorno.

Sin embargo no ocurre lo mismo con el Trastorno de Estrés Postraumático en la Infancia, se desconoce como cursa este trastorno entre los más pequeños, cuáles son sus síntomas, su evolución y las posibles diferencias con la manifestación del trastorno en el adulto.

child-1666666_1920Los niños carecen de las vías adultas para expresar su malestar y poseen otras propias, que el adulto en ocasiones no consigue interpretar en la dirección adecuada. Aún no conocen el significado de algunas palabras incluso, a diferencia del adulto, el lenguaje aún no es su vía principal de expresión (los más pequeños incluso pueden no hablar aún). Es por ello que si queremos entender lo que el niño está tratando de hacernos llegar deberemos estar atentos a otras manifestaciones.

Entre las principales conductas a las que debemos estar atentos a fin de prevenir o paliar el malestar psicológico de nuestros hijos se encuentran:

  1. El juego y en especial los posibles cambios en su forma de jugar. Las posibles alteraciones en el juego, sobre todo aquellas que incluyan recreaciones repetitivas o cargadas de ansiedad o rabia, pueden ser causa de alerta y un motivo para considerar la intervención de un profesional.
  2. Las interacciones sociales y las alteraciones en ella. El niño, desde muy pequeño muestra una personalidad o una forma de actuar y relacionarse con los demás característica y, salvo fuertes alteraciones, ello no ha de ser fuente de preocupación. Sin embargo, si el niño muestra un retraimiento social mayor al común en él, es importante que investiguemos acerca de su causa.
  3. El sueño. En los niños pequeños son comunes los sueños intensos, angustiosos o las pesadillas. Sin embargo, cuando los sueños no permitan el correcto descanso del niño  por su intensidad o temática, deberemos considerar un mayor estudio.
  4. El estado de alerta. El niel de activación de los niños es mayor al del adulto, ello se manifiesta en su capacidad casi inagotable para el juego y el movimiento. Por ello suelen estar más vigilantes y sobresaltarse más ante cambios bruscos o repentinos. En el niño con inseguridad o malestar psicológico sin embargo esta vigilancia puede convertirse en hipervigilancia o mostrarse con una alta irritabilidad o rabietas extremas.

Es por ello que el niño con Trastorno de Estrés Postraumático, al igual que ocurre con el resto de trastornos psicológicos, no nos mostrará los síntomas o las dificultades propias de este trastorno en el adulto.

crying-2856_1920A continuación se detallan una serie de síntomas característicos del Trastorno de Estrés Postraumático en la infancia, que pueden servir de guía a los padres de niños que hayan sufrido o se hayan visto expuestos a un evento que haya amenazado su integridad o la de las personas cercanas. Ante la duda de la posible concurrencia de un Trastorno de Estrés Postraumático en la infancia se recomienda contactar un profesional que evalúe y trate al niño.

Criterios DC:0-3 para el Trastorno de Estrés Postraumático (Post-traumatic Stress Disorder)

El/la niño/a ha sido expuesto a un evento traumático, es decir, un evento que incluye una amenaza de muerte o importantes daños o amenazas físicas o psicológicas a su integridad o a la de otra persona.

  1. El/la niño/a muestra evidencia de re-experimentación del hecho traumático mediante al menos uno de los siguientes síntomas:
  • Juego postraumático, es decir, juego que (1) representa una recreación de algún aspecto del trauma, (2) es realizado de forma compulsiva, (3) falla para aliviar la ansiedad, y (4) es más literal y menos elaborado e imaginativo que usualmente.
  • Recurrente e intrusivo recuerdo del hecho traumático incluso fuera del juego, es decir, repetición de frases o preguntas sobre el hecho que sugiere una fascinación con el hecho o preocupación por algún aspecto del hecho. La angustia no es necesariamente aparente.
  • Repetidas pesadillas, el contenido puede estar o no relacionado con el hecho traumático.
  • Angustia fisiológica, expresada mediante el lenguaje o la conducta, en la exposición o recuerdo del trauma.
  • Recurrentes episodios de flashback o disociación, es decir, recreación del hecho sin ninguna muestra de que sea el niño la fuente de la idea. La conducta se disocia de la intención o propósito del niño. Este síntoma también puede presentarse como curiosidad o bloqueo.
  1. El/la niño/a experimenta una reducción de su capacidad de reacción o interferencia por conductas impulsivas. El bloqueo o la conducta problema aparece o se intensifica tras el trauma y se relaciona con al menos uno de los siguientes síntomas:
  • Incremento del aislamiento social.
  • Restricción de las muestras de afecto.
  • Marcada reducción del interés o la participación en actividades significativas, incluyendo juego, interacciones sociales y rutinas diarias.
  • Esfuerzo por evitar actividades, lugares o personas que despiertan el recuerdo del trauma, incluyendo esfuerzo para evitar pensamientos, sentimientos y conversaciones asociadas con el trauma.
  1. Tras un evento traumático, un/a niño/a puede exhibir síntomas de incremento de la excitación, revelado por al menos dos de las siguientes:
  • Dificultad para dormir, evidenciada por una fuerte protesta a la hora de ir a dormir, dificultad para quedarse dormido o levantarse repetidamente durante la noche sin que esté relacionado con pesadillas.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Hipervigilancia.
  • Exagerada respuesta de sobresalto.
  • Incremento de la irritabilidad, arrebatos de rabia o extrema irritabilidad o rabietas.
  1. Este conjunto de síntomas persiste al menos durante un mes.

Referencias

Zero to three: National Center for Infants, Toddlers and Families (2005). Diagnostic classification of mental health and developmental disorders of infancy and early childhood: Revised edition (DC: 0-3R). Zero to Three Press, Washington DC. Zero to three home page