Estilos educativos: la sobreprotección

Todo padre considera que dentro de sus obligaciones se encuentra la de proteger y guiar al niño en su desarrollo y, siendo esto cierto, ¿cómo saber hasta que punto hay que hacerlo?

La sobreprotección puede desembocar en el llamado estilo educativo sobreprotector, caracterizado por la limitación de la autonomía del niño y la generación de una dependencia desadaptativa para él. Una relación sobreprotectora se caracteriza por un padre que: 1) mantiene un nivel elevado de supervisión y vigilancia; 2) muestra dificultades para separarse del niño; 3) no fomenta el comportamiento autónomo; 4) es altamente controlador (Thomasgard y Metz, 1993). Dentro de las creencias que mantienen los padres con este estilo educativo se encuentran ideas del tipo “Yo soy totalmente responsable de lo que le pueda ocurrir a mi hijo/a” “Todavía es pequeño para…”, “Soy indispensable para él”, “No sabe/no puede…”, etc.

Los padres y madres sobreprotectores evitan que el hijo realice actividades que consideran arriesgadas o peligrosas, dan constantemente consejos acerca de cómo “debe” y “no debe” actuar, realizan frecuentes llamadas de atención sobre riesgos o peligros, elogian o animan la búsqueda de apoyo y tienden a darle todo hecho.

Se considera que el fundamento de esta manera de relacionarse con los hijos podría deberse tanto a un sentimiento de hiperresponsabilidad (el progenitor se considera excesivamente responsable de su desarrollo, considera al hijo débil y que debe protegerle) o culpabilización, cuando el progenitor cree que no consigue proporcionar la mayor ayuda posible a su hijo o evitarle cualquier tipo de problema.

En general se puede decir que los niños educados bajo un estilo educativo (sobreprotector) tienen una mayor probabilidad de presentar:

  • Menor desarrollo de competencias sociales y autoestima (Levy, 1966),
  • Distimia y trastornos de ansiedad (Parker, 1983).
  • Retrasos en el aprendizaje de habilidades de autocuidado personal y otras habilidades sociales.
  • Miedo a la autonomía o dependencia, buscando constantemente seguridad en otros.
  • Carencia de iniciativa para emprender acciones por cuenta propia (siempre espera instrucciones) y pasividad ante los asuntos que le conciernen, basándose en la experiencia previa: “Ya me lo resolverán otros”.
  • Dificultades en el afrontamiento de acontecimientos vitales de forma autónoma, lo que puede desencadenar problemas como miedos excesivos, timidez, agresividad, problemas de conducta en casa y en el colegio, etc.
  • Baja tolerancia a la frustración.

¿Cómo evitar los posibles efectos  de la sobreprotección?

 A pesar de quehug-1315545_1920 a la mayoría de los padres les gustaría ahorrar a sus hijos todo tipo de sufrimientos y errores, esto no es ni posible ni realista. Para que el niño se convierta en un adulto capaz de actuar por sí solo debe aprender a desenvolverse por sí mismo a través de sus propias experiencias, en un nivel de riesgo tolerable y creando sus propias estrategias de actuación. Así el niño tendrá la oportunidad de aprender mediante el “ensayo-error” o encontrando “soluciones nuevas e inesperadas”  a los problemas, a sus conflictos y solicitando apoyo sólo cuando lo considere realmente necesario. Para permitir que un hijo desarrolle su autonomía de forma adecuada es entonces fundamental:

  • Permitir que se enfrente a las dificultades y problemas para hallar la solución por si mismo.
  • Tratarle de acuerdo a su edad.
  • Dar la oportunidades de relacionarse con otros, pasando tiempo sin la presencia de los padres.
  • Ayudar cuando lo necesite, pero sin solucionarle los problemas. Debe aprender por sí mismo tanto a buscar soluciones como a buscar el apoyo necesario.
  • No ahogarle con preguntas, dejándo espacio para su intimidad.
  • Establecer unos límites claros en casa, no dándole todo lo que pida.
  • Aceptar al niño tal y como es, con sus virtudes y limitaciones.

Referencias

Campos, R.C. Besser, A., Sidney, J.B. (2010) The mediating role of self-criticism and dependency in the association between perceptions of maternal caring and depressive symptoms. Depression and Anxiety, 27. 1149-1157.
Levy, D. (1966) Maternal overprotection. New York. W.W.Norton & Company Inc.
Magaz, A., García, E.M. (1998). Perfil de Estilos Educativos. En Manual de Referencia. Ed. Cohs. Consultores en Ciencias Humanas, S.L.
Parker, G. (1983) Parental Overprotection: A risk factor in psychosocial development. New York: Grune & Stratton, Inc., 1983.
Thomasgard, M. (1998) Parental perceptions of child vulnerability, overprotection and parental psychologycal characteristics. Child Psychiatry and Human Development, 28(4), 223-240.
Thomasgard, M. y Metz, W.P. (1993) Parental Overprotection Revisited. Child Psyquiatry and Human Development, vol. 24(2)

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