Trastorno de personalidad paranoide

El caso

Luis es un hombre de 40 años, está casado, tiene dos hijos y trabaja como profesor en una escuela secundaria. Es una persona muy seria y rígida, poco sociable con los compañeros y generalmente reservada. Es un docente muy preparado pero tiene miedo de que sus alumnos quieran pillarle desprevenido para ponerle en ridículo. Tiene la duda de que su esposa le engañe con otros hombres, aunque no está seguro: su hermano y su madre le repiten a menudo que esto no tiene sentido y que es una persona en la que puede confiar. Durante la luna de miel tuvo una discusión con su esposa porque consideraba que estaba mirando demasiado al recepcionista del hotel y Luis pensaba que se había acostado con él y que se lo estaba ocultando. Desde entonces, su mujer siempre ha sido muy cuidadosa para no crear ninguna situación que él pueda interpretar de manera distorsionada. Los únicos amigos que tiene son una pareja de vecinos con los cuales queda, de vez en cuando, junto con su mujer y sus hijos.

Con el tiempo ha perdido a casi todos sus amigos por sus reacciones de ira extrema e improvisada, y nunca ha olvidado un malentendido. Sospecha que la directora de su escuela quiere crearle problemas. Cuenta un episodio en el que dicha directora le pidió que acompañara a los alumnos a una excursión de fin de curso, él inventó una excusa para no hacerlo porque creía que era sólo un pretexto para ponerle en ridículo.

Nunca se ha enfrentado o hablado fuera de las reuniones oficiales con la directora ya que teme su reacción. Es muy crítico con los homosexuales, con los extracomunitarios y en general con cualquier persona que sea un poco diferente. No confía en los demás y se ve amenazado por una simple conversación cotidiana. Dice que el problema principal en el mundo es la envidia. Estas características de Luis hacen pensar que puede presentar un Trastorno Paranoide de Personalidad.


Clasificación DSM IV & CIE 10

sad-72214_1280El Trastorno de Personalidad Paranoide (DSM IV) se caracteriza por un patrón general de desconfianza y suspicacia general, de forma que las intenciones de los demás son interpretables como maliciosas, que comienza al principio de la edad adulta en diferentes contextos, con 4 o más síntomas:

  1. Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les va a engañar.
  2. Preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o fidelidad de los amigos y socios.
  3. Reticencia a confiar en los demás por temor injustificado a que la información que comparta vaya a ser utilizada en su contra.
  4. Vislumbra significados ocultos degradantes o amenazadores en las observaciones o hechos más inocentes.
  5. Alberga rencores durante mucho tiempo, por ejemplo no olvida insultos, injurias o desprecios.
  6. Percibe ataques a su persona o a su reputación que no son aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar con ira o a contratacar.
  7. Sospecha repetidamente o injustificadamente que su cónyuge o su pareja le es infiel.

Según la Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales y del Comportamiento (CIE-10), para diagnosticar un Trastorno Específico de la Personalidad (F60) se necesita detectar un trastorno grave del carácter y del comportamiento del individuo, al que se acompañan alteraciones personales y sociales considerables. Según el CIE-10 los trastornos de la personalidad tienden a presentarse en la infancia y adolescencia y a persistir durante la edad adulta. Para diagnosticar un Trastorno Específico de la Personalidad (F60) se requiere la presencia de una alteración de la personalidad no directamente atribuible a una lesión o enfermedad cerebral importante o a otros trastornos psiquiátricos, que reúna las siguientes pautas:

  1. Actitudes y comportamientos que carecen de armonía, que afectan por lo general a varios aspectos de la personalidad; por ejemplo a la afectividad, a la excitabilidad, al control de los impulsos, a las formas de percibir y de pensar y al estilo de relacionarse con los demás.
  2. La forma de comportamiento anormal es duradera, de larga evolución y no se limita a episodios concretos de enfermedad mental.
  3. La forma de comportamiento anormal es generalizada y claramente desadaptativa para un conjunto amplio de situaciones individuales y sociales.
  4. Las manifestaciones anteriores aparecen siempre durante la infancia o la adolescencia y persisten en la madurez.
  5. El trastorno conlleva un considerable malestar personal aunque éste puede también aparecer sólo en etapas avanzadas de su evolución.
  6. El trastorno se acompaña, por lo general aunque no siempre, de un deterioro significativo del rendimiento profesional y social.

F60.0 Trastorno Paranoide de la Personalidad. Se trata de un trastorno de la personalidad caracterizado por: 1) Sensibilidad excesiva a los contratiempos y desaires. 2) Incapacidad para perdonar agravios o perjuicios y predisposición a rencores persistentes. 3) Suspicacia y tendencia generalizada a distorsionar las experiencias propias interpretando las manifestaciones neutrales o amistosas de los demás como hostiles o despectivas. 4) Sentido combativo y tenaz de los propios derechos al margen de la realidad. 5) Predisposición a los celos patológicos. 6) Predisposición a sentirse excesivamente importante, puesta de manifiesto por una actitud autorreferencial constante. 7) Preocupación por “conspiraciones” sin fundamento de acontecimientos del entorno inmediato o del mundo en general. Se incluyen: la Personalidad expansiva, la Personalidad paranoide, la Personalidad sensitiva paranoide, la Personalidad querulante, el Trastorno expansivo de la personalidad, el Trastorno sensitivo paranoide de la personalidad, el Trastorno querulante de la personalidad. Se excluyen: la Esquizofrenia (F20.-), el Trastorno de ideas delirantes (F22.-).


Trastorno de personalidad paranoide y mecanismos de defensa

smoke-1031060_1920El Trastorno de Personalidad Paranoide se caracteriza por un uso persistente de la proyección que se concreta en una tendencia generalizada y sin motivación a interpretar las acciones de los demás como voluntariamente amenazantes, humillantes o dirigidas a la explotación. La persona con trastorno paranoide es aparentemente frío, racional, distante, hipervigilante, desconfiado, suspicaz y tiende a vivir la realidad como persecutoria. Presenta una forma rígida de pensamiento, a menudo es muy sensible a la autoridad. Por otro lado puede ser muy crítico con las debilidades de los demás y puede llegar a manifestar una fuerte hostilidad y obstinación. Algunas personas con Trastorno Paranoide de Personalidad pueden evolucionar hacia una psicosis paranoide o a una esquizofrenia.

Según diferentes autores (Gabbard 2002; Fairbairn 1958; Kohut 1971, Kernberg, 1984; Klein 1952) por un lado el pensamiento paranoide es una forma normal en la organización de la experiencia (posición esquizoparanoide que se alterna con una posición depresiva). Por otro lado, en el trastorno paranoide de la personalidad, este tipo de pensamiento se convierte en un estilo de sentir y relacionarse con los demás omnipresente, rígido, invariable y dominante. De esta manera el individuo interpreta un papel constante de víctima frente a los agresores y perseguidores externos.

El mecanismo central que prevalece es la escisión, a través de la cual se separan los sentimientos de amor y odio hacia el objeto deseado, sin ninguna integración. Las experiencias emocionales activan mecanismos de proyección de los aspectos negativos propios hacia el objeto externo (la amenaza interna se transforma en externa), paralelamente se establece un mecanismo de identificación proyectiva, es decir una tendencia  a controlar a los demás para asegurarse de que, antes o después, observará lo que teme (aspectos negativos de sí mismo). Estos mecanismos subrayan la presencia de un núcleo de la personalidad caracterizado por una autoestima muy baja (Meissner, 1986), que llevan al paranoide a controlar a los demás, a tener miedo de la autoridad y a ser muy crítico con las imperfecciones de los demás.