Comportamientos repetitivos e intereses restringidos en TEA

Los comportamientos e intereses restringidos y son uno de los dominios centrales de los síntomas del trastorno del espectro autista (TEA) desde las descripciones clínicas originales de Leo Kanner, que los definía como conductas rígidas y repetitivas, a menudo acompañadas de un fuerte deseo de monotonía (Kanner, 1943).

A pesar de que los comportamientos estereotipados y los intereses restringidos constituyen uno de los síntomas centrales del Trastorno del Espectro Autista (TEA) y son un criterio esencial para su diagnóstico (DSM-5-TR, APA, 2022), la investigación les ha prestado menos atención que a los dominios de la interacción y la comunicación social. Esto puede deberse a que, hasta el momento actual, se ha tendido a interpretar la presencia de este tipo de conductas como una posible consecuencia de las dificultades sociales y comunicativas en el TEA (Richler et al., 2010).

Desde un punto de vista práctico, las conductas estereotipadas y los intereses restringidos interfieren en varios aspectos del funcionamiento, como la capacidad de aprender, prestar atención al entorno, el desarrollo comunicativo y social (Boyd et al., 2012; Richler et al., 2010). Además, se ha sugerido que pueden tener un efecto en cascada, agravando las dificultades sociales y comunicativas de la persona con TEA. Estos comportamientos también interfieren en el funcionamiento familiar y son considerados por los progenitores como uno de los aspectos más estresantes del trastorno (Bishop et al., 2007).

A pesar de ello, los comportamientos repetitivos e intereses restringidos no son exclusivos del TEA, sino que también pueden presentarse en etapas tempranas de la infancia en niños con desarrollo típico (Thelen, 1981). Desde una perspectiva evolutiva, las conductas estereotipadas y repetitivas han sido descritas como funcionales para el desarrollo del control neuromuscular o del discurso, entre otras habilidades. En el desarrollo típico, este tipo de comportamientos tienden a desaparecer una vez que se ha alcanzado el objetivo, es decir, que el niño haya adquirido la competencia (Wolff et al., 2014).

En el caso de personas con TEA y otros trastornos del neurodesarrollo, las estereotipias e intereses restringidos pueden presentarse con gran variabilidad en cuanto a su manifestación, género, edad y nivel intelectual. Cuando persisten de forma prolongada, se asocian con problemas de salud mental (Garcia-Villamisar & Rojahn, 2015; Stratis & Lecavalier, 2013).

Adicionalmente, dada la naturaleza socialmente estigmatizadora de las conductas estereotipadas (Cunningham & Schreibman, 2008), las personas con TEA y con competencias cognitivas más elevadas pueden experimentar malestar ante la aparición de estas conductas, o en el momento de intentar inhibirlas (Jasim & Perry, 2023).

Comportamientos repetitivos e intereses restringidos: clasificación

Los comportamientos e intereses restringidos y repetitivos se han considerado un constructo multidimensional, que abarca una amplia gama de dominios conductuales (Leekam et al., 2011; Honey et al., 2008; Pior & MacMillan, 1973; Turner, 1999). Por ello, se describen y clasifican dentro de una categoría general que incluye conductas que van desde estereotipias motoras, uso repetitivo de objetos e intereses sensoriales inusuales, hasta la adherencia a rutinas o rituales no funcionales o adaptativos, la preocupación inusual por objetos y la presencia de intereses restringidos.

La gran cantidad de comportamientos englobados bajo esta misma etiqueta dificulta que las definiciones actuales logren reflejar completamente su naturaleza específica y la diversidad de posibles manifestaciones conductuales (Leekam et al., 2011). Por ello, investigaciones recientes señalan que estos comportamientos no constituyen un constructo unitario, sino que abarcan varios dominios diferenciados (Bishop et al., 2013; Bodfish et al., 2000; Lam et al., 2008; Lidstone et al., 2014).

La aproximación basada en consideraciones clínicas y evolutivas (Prior & MacMillan, 1973; Turner, 1999) sugiere la existencia de dos grandes grupos, definidos según su patrón de aparición en el desarrollo típico y su relación con el funcionamiento cognitivo (Leekam et al., 2011; Turner, 1999). Estas categorías han sido confirmadas posteriormente mediante análisis factoriales de los comportamientos restringidos y repetitivos evaluados a través de la entrevista para el diagnóstico del autismo ADI-R (Cuccaro et al., 2003).

  1. Sensoriomotor-repetitivo o de orden inferior (lower order). Se trata de comportamientos que no están mediados cognitivamente y que se manifiestan de forma repetitiva, estereotipada y sin un propósito aparente. Incluyen manierismos con las manos y los dedos, movimientos corporales complejos, uso repetitivo de objetos e intereses sensoriales inusuales.
  2. Insistencia en la monotonía (insistence on sameness) o de rango superior (higher order). Son comportamientos más complejos, mediados cognitivamente y que parecen más especializados, como los intereses restringidos o la rigidez ante rutinas complejas no funcionales. Incluyen compulsiones y rituales, así como una marcada resistencia a los cambios en las rutinas y en el entorno.

Otros estudios (Leekam et al., 2007; Lam et al., 2010; Honey et al., 2008) destacan la diferenciación entre la rigidez en las rutinas y los intereses inusuales o restringidos, proponiendo un tercer dominio adicional. Esta estructura de tres factores ha sido replicada en investigaciones posteriores (Bishop et al., 2008; Uljarević et al., 2021), estableciendo una distinción dentro de los llamados comportamientos de orden superior, que comprenden:

  1. Comportamientos motrices repetitivos,
  2. Insistencia en la rutina y la monotonía,
  3. Intereses inusuales o restringidos, con una sobre-focalización en objetos, temas, estímulos o actividades específicas.

Existen evidencias recientes que sugieren que estos tres dominios difieren en cuanto a su base neurológica (Langen et al., 2011), genética (Cannon et al., 2010; Liu et al., 2013; Shao et al., 2003; Tao et al., 2016) y que presentan patrones familiares diferenciados (Lam et al., 2008; Silverman et al., 2002; Szatmari et al., 2006; Uljarević et al., 2016).

comportamientos restringidos y repetitivos

Estereotipas motoras y verbales

Las estereotipias son conductas motoras o verbales que se caracterizan por su rigidez, repetición y ausencia de un propósito funcional claro. Suelen manifestarse de forma automática y pueden incluir movimientos como aleteo de manos, balanceo del cuerpo o la repetición de sonidos o palabras. Por otro lado, las conductas repetitivas constituyen una categoría más amplia, ya que engloban no solo las estereotipias, sino también otros patrones de comportamiento, como rutinas inflexibles, compulsiones y rituales, que pueden tener cierta intencionalidad o estar mediados cognitivamente (DSM-5-TR, APA, 2022). Por ejemplo, un niño que repite constantemente una misma frase sin relación con el contexto está mostrando una estereotipia verbal. En cambio, si el niño insiste en seguir una rutina específica cada mañana (como ordenar sus juguetes en un orden exacto antes de salir), se trataría de una conducta repetitiva más compleja, relacionada con la insistencia en la igualdad y la rigidez cognitiva.

Estos comportamientos son más frecuentes durante las primeras etapas del desarrollo y en personas con un nivel cognitivo más bajo, mostrando una tendencia a disminuir con la edad (Bishop et al., 2006, 2013; Cuccaro et al., 2003; Esbensen et al., 2009; Lam & Aman, 2007; Murphy et al., 2005; Richler et al., 2007; Turner, 1999; Uljarević et al., 2021).

La estrecha relación entre comportamientos de orden inferior, también conocidos como comportamientos motrices-repetitivos, y la competencia cognitiva sugiere que estas conductas podrían ser el resultado de anomalías en las partes del cerebro que controlan aspectos sensoriales y motrices. Esto es observable tanto en personas con TEA como en personas con otros trastornos del neurodesarrollo, como la  discapacidad intelectual (Richler et al., 2010). Algunos estudios han señalado además que los niños con TEA y ansiedad comórbida presentan mayores niveles de estereotipias en comparación con aquellos sin comorbilidad (Gritti et al., 2003; Hill & Furniss, 2006). 

comportamientos restringidos y repetitivos

Insistencia en la rutina

En desarrollo típico, la emergencia y aumento de la insistencia en la rutina se produce en paralelo a la emergencia de los miedos normativos o evolutivos, entendidos como temores transitorios y relacionados con el proceso de adaptación al entorno (Gullone, 2000; Evans et al., 1999).

La coincidencia temporal entre la emergencia de estos miedos evolutivos y los comportamientos vinculados con la insistencia en la rutina sugiere que estos últimos podrían constituir una forma temprana de autorregulación. Esta se manifestaría a través del control del entorno, limitando su impredecibilidad y, en consecuencia, reduciendo la aparición de miedos normativos (Uljarević et al., 2017, 2022; Evans et al., 1999; Gesell et al., 1974). Conforme avanza la edad, los niños con desarrollo típico tienden a desarrollar formas más maduras de autorregulación, por lo que los comportamientos asociados a la insistencia en la rutina suelen disminuir, convirtiéndose en fenómenos transitorios (Uljarević et al., 2017b). En contraste, en el caso de los niños con TEA, dadas sus dificultades en el desarrollo de mecanismos de autorregulación, estas conductas pueden no reducirse con el tiempo, convirtiéndose en una estrategia estable para el manejo de la ansiedad (Uljarević et al., 2017a, 2017b).

Los rituales y las conductas de insistencia en la rutina en personas con TEA cumplen una función autorreguladora, ya que ayudan a reducir el miedo a la incertidumbre y a mantener una sensación de consistencia en la vida cotidiana mediante la participación en patrones ritualizados. No obstante, a pesar de su función adaptativa a corto plazo, esta rigidez comportamental no representa una estrategia efectiva a largo plazo y, en algunos casos, puede incluso intensificar la ansiedad o dar lugar a respuestas conductuales de tipo externalizante (Uljarević et al., 2017a, 2021). En este sentido, se ha señalado que una dependencia excesiva de estas conductas como forma de mantener la rutina puede comprometer el desarrollo de otras habilidades autorregulatorias. Esto se debe a su naturaleza restrictiva, que limita la exposición a situaciones nuevas y, por tanto, reduce las oportunidades de aprendizaje y adaptación (Uljarević et al., 2017a, 2021).

Por otra parte, Uljarević et al. (2022) observaron una tendencia al incremento de comportamientos relacionados con la monotonía y la inflexibilidad a medida que aumentaban las puntuaciones en nivel cognitivo. Es decir, estos comportamientos aparecen con mayor frecuencia en personas con TEA que presentan mayores competencias cognitivas. De forma similar a lo que ocurre con la edad cronológica, las conductas ritualizadas o de insistencia en la rutina, en el contexto de un buen funcionamiento cognitivo, podrían representar una forma más sofisticada de autorregulación, dado que este constructo está vinculado con procesos cognitivos complejos. Además, la presencia de este tipo de comportamientos se ha asociado en diversos estudios con niveles más elevados de ansiedad (Uljarević et al., 2021; Lidstone et al., 2014; Gotham et al., 2013; Scahill et al., 2019; Spiker et al., 2012) y con conductas externalizantes (Scahill et al., 2019; Halim et al., 2018).

Intereses restringidos

Los intereses restringidos son temas de especial interés para la persona que, aunque pueden ser apropiados en cuanto a contenido, resultan inusuales por su intensidad y por la naturaleza limitada de su enfoque (DSM-5-TR, APA, 2022). La relación entre los intereses restringidos y la sintomatología internalizante y externalizante en personas con TEA ha sido analizada desde una perspectiva funcional, considerando que la imposibilidad de involucrarse en dichos intereses o de mantener ciertas rutinas puede generar ansiedad y desencadenar conductas de tipo externalizante (Uljarević et al., 2021; Halim et al., 2018).

South et al. (2005), en una muestra de participantes con TEA de entre 7 y 20 años, observaron que las puntuaciones de severidad en el uso repetitivo de objetos, los movimientos motores estereotipados y la rigidez en las rutinas —evaluadas mediante el Repetitive Behavior Interview (RBI; Turner, 1997)— eran más elevadas durante la etapa preescolar y tendían a disminuir con el tiempo. En cambio, las puntuaciones relacionadas con los intereses restringidos, evaluadas mediante la Yale Special Interests Interview (YSII; South et al., 1999), mostraron un aumento progresivo con la edad.

Algunos intereses restringidos y ciertas rutinas se relacionan con hiper- o hiporreactividad a estímulos sensoriales, manifestándose en respuestas extremas ante sonidos o texturas, conducta de tocar u oler objetos, atracción por luces u objetos en movimiento y, en ciertos casos, una aparente indiferencia al dolor o a los cambios de temperatura (DSM-5-TR, APA, 2022). Además, muchas personas con TEA de mayor funcionamiento aprenden a suprimir en público los comportamientos repetitivos y restringidos (DSM-5-TR, APA, 2022). En estos casos, dichas conductas pueden ser sustituidas por otras formas repetitivas más socialmente aceptadas, que cumplen una función ansiolítica o de autorregulación emocional.

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