Masking o camuflaje social en TEA

El masking

El masking o camuflaje social es un comportamiento caracterizado por intentos conscientes e inconscientes de compensar o disimular dificultades sociales en contextos interpersonales, en un esfuerzo para encajar socialmente (Alaghband-rad et al., 2023; Allely, 2018; Baldwin & Costley, 2016; Hull et al., 2017; Lai et al., 2011; Mandy 2012, 2019; Tubio-Fungueirino et al., 2021).

En la práctica, implica usar estrategias para imitar el comportamiento de las personas consideradas «neurotípicas» (es decir, con desarrollo neurológico típico), tratando de parecer “normal” según las expectativas sociales (Han et al., 2022; Tint & Weiss, 2018). Por ejemplo, una persona con TEA podría observar cómo sus compañeros hablan entre ellos y copiar sus gestos, expresiones o temas de conversación, aunque no los entienda del todo o no se sienta cómoda. Puede practicar sonrisas frente al espejo o memorizar frases para usar en ciertas situaciones. Aunque esto puede ayudarle a evitar el sentimiento de rechazo social, también puede resultar muy agotador emocionalmente, porque está actuando todo el tiempo sin mostrarse tal como es.

Estrategias de camuflaje: compensación, enmascaramiento y asimilación

El camuflaje social en personas con autismo ha sido estudiado de diferentes formas dentro de la investigación científica. Al principio, se conocía a través de relatos y entrevistas con personas autistas, sus familiares y los profesionales que las acompañan en su día a día. Estas descripciones ayudaron a entender cómo muchas personas intentan esconder sus dificultades sociales para poder adaptarse mejor a su entorno (Alaghband-Rad et al., 2023).

Con el tiempo, los estudios comenzaron a buscar maneras de medir el camuflaje de forma más objetiva, por ejemplo, observando la diferencia entre los rasgos de autismo que presenta una persona y el comportamiento que muestra en público. Si alguien tiene muchas características del espectro autista pero actúa de forma que no parecen evidentes, eso podría indicar un alto nivel de camuflaje.

Más recientemente, se han desarrollado cuestionarios de autoinforme, donde las propias personas con autismo responden sobre su experiencia al camuflarse. Uno de los modelos más conocidos identifica tres aspectos clave del camuflaje (Hull et al., 2019):

  1. Compensación: usar estrategias para manejar situaciones sociales, como memorizar frases o copiar el comportamiento de los demás para saber cómo actuar. Ejemplo: practicar respuestas para conversaciones típicas antes de una reunión.
  2. Enmascaramiento: intentar ocultar señales visibles del autismo, como controlar la expresión facial o forzarse a mantener contacto visual, incluso si no se siente natural. Ejemplo: sonreír constantemente aunque no se esté cómodo o atento.
  3. Asimilación: hacer esfuerzos por encajar con los demás, a veces actuando como si se fuera otra persona. Ejemplo: fingir interés en ciertos temas solo para mantener una conversación grupal.

¿Por qué las personas con autismo se “camuflan” y cuál es el precio emocional?

El camuflaje social puede ayudar a romper barreras y ganar aceptación a corto plazo, pero mantener la máscara a diario suele conllevar un alto peaje emocional. Reconocer esta realidad, en los colegios, trabajos y consultas de salud, es clave para reducir el estigma y ofrecer apoyos que permitan a las personas con autismo mostrarse tal como son, sin miedo a ser juzgadas.

Imagina a Clara, una chica de 15 años con autismo que cada mañana ensaya frente al espejo una sonrisa “espontánea”, repite chistes que ha visto en TikTok y repasa cuándo debe mirar a los ojos. Lo hace porque quiere caer bien a su nuevo grupo de amigos… y porque teme que, si muestra su manera natural de comunicarse, la tomen por “rara”. Al final del día, vuelve a casa agotada y con un nudo en el estómago: encajar le ha costado toda su energía.

Ese esfuerzo constante por actuar como si se fuera neurotípica se llama camuflaje social y, según numerosos estudios, tiene luces y sombras.

1. Motivaciones del camuflaje
  • Para encajar:
    • Hacer amigos y dar buena impresión.
    • Participar en conversaciones y actividades grupales.
  • Para protegerse:
    • Evitar burlas, rechazo o discriminación.
    • Reducir el estigma que sigue rodeando al autismo.
2. Coste psicológico
  1. Depresión y ansiedad: sentirse “en actuación” todo el tiempo genera tensión interna (Hull et al., 2021; Lai et al., 2019).
  2. Fatiga y burnout: el desgaste diario explica la “resaca social” que muchas personas describen al llegar a casa (Mogensen & Mason, 2015).
  3. Autoimagen dañada: algunas personas acaban preguntándose quiénes son en realidad, lo que incrementa el aislamiento y la sensación de fraude (Hull et al., 2017; Schneid & Raz, 2020).
3. El papel del estigma

La percepción de que la sociedad ve el autismo como algo “raro” o “problemático” es un factor clave que influye en la adopción del camuflaje social. Este estigma social genera presión para comportarse de forma “normal” o neurotípica, lo que lleva a muchas personas con autismo a ocultar sus rasgos y comportamientos con el fin de evitar el rechazo o las reacciones negativas del entorno.

Esta presión social no solo aumenta la necesidad de camuflaje, sino que también contribuye al malestar emocional. Las personas con autismo pueden llegar a sentir que no pueden mostrarse tal como son sin exponerse a burlas, juicios o exclusión. En consecuencia, adoptan estrategias de camuflaje que, si bien pueden facilitar su aceptación social, implican un esfuerzo sostenido que desgasta emocionalmente.

En el caso de los adolescentes, este impacto puede ser aún más intenso. Al estar en una etapa vital marcada por la necesidad de pertenencia y validación, la percepción de diferencia puede generar sentimientos de vergüenza y el miedo a molestar o incomodar a los demás. Como resultado, algunos adolescentes evitan situaciones sociales o se esfuerzan en exceso por encajar, lo que puede llevar al aislamiento o a una imagen distorsionada de sí mismos (Mogensen & Mason, 2022).

En definitiva, el estigma funciona como un motor que impulsa el camuflaje social, y al mismo tiempo intensifica sus consecuencias emocionales. Este círculo vicioso puede afectar gravemente la salud mental y el bienestar de las personas con autismo si no se reconoce y aborda adecuadamente.

4. Diferencias de género y diagnóstico

Las mujeres con autismo, especialmente aquellas con un buen nivel intelectual, tienden a emplear más estrategias de camuflaje social que los varones (Hull et al., 2020; Lai et al., 2017). Esta aparente “buena adaptación” puede enmascarar la sintomatología, lo que con frecuencia retrasa el diagnóstico y reduce la posibilidad de acceder a intervenciones tempranas (Wood-Downie et al., 2021).

Una posible explicación de esta diferencia es que, en promedio, las mujeres presentan una mayor empatía social aprendida, lo que facilita la imitación de conductas neurotípicas y la ocultación de síntomas (Tubio-Fungueirino et al., 2021). Esta habilidad para compensar socialmente puede hacer que sus dificultades pasen desapercibidas tanto en entornos escolares como clínicos.

Numerosas investigaciones han señalado una menor prevalencia de diagnósticos de TEA en mujeres, lo que sugiere posibles sesgos en los criterios diagnósticos actuales, tradicionalmente basados en patrones masculinos de presentación del trastorno (Beeger et al., 2013; Giarelli et al., 2010; Ratto et al., 2018). Esta disparidad conlleva que el diagnóstico en mujeres, particularmente en casos de menor afectación, suela producirse de forma más tardía, limitando así el acceso temprano a apoyos específicos (Wood-Downie et al., 2021).

Aunque el camuflaje social puede tener ciertos beneficios inmediatos, como mejorar la integración social o la percepción externa de competencia (Kim & Botterma-Beutel, 2019), mantener de forma sostenida estas estrategias puede implicar un alto coste emocional. Diversos estudios señalan que el esfuerzo constante por ocultar o compensar los síntomas del TEA se asocia con mayores niveles de depresión, ansiedad y fatiga o burnout (Allaghband-Rad et al., 2023). En algunos casos, también puede afectar negativamente a la autopercepción, generando sentimientos de alienación, aislamiento o incluso una sensación de estar “engañando” a los demás (Hull et al., 2017; Schneid & Raz, 2020). Por estas razones, el camuflaje social se ha identificado como un predictor significativo de malestar emocional en personas con autismo (Cage & Troxell-Whitman, 2019; Hull et al., 2021; Lai et al., 2017).

Contribuye a un mejor entendimiento del camuflaje social a nivel internacional

Si te sientes identificado/a con las experiencias descritas, te invitamos a participar en esta investigación transcultural entre España, Italia, Reino Unido y Japón. El estudio busca explorar cómo el camuflaje social y la desconexión cultural afectan a personas de distintos países.

Tu colaboración puede ayudarnos a comprender mejor estas experiencias y a generar conocimientos que favorezcan una detección más ajustada, apoyos educativos y emocionales más eficaces, y una mayor visibilidad de realidades que muchas veces permanecen ocultas.

No es necesario tener un diagnóstico de TEA para participar. Solo necesitas cumplir con los siguientes criterios:

  1. Tener entre 18 y 70 años.
  2. Hablar el idioma del país en el que resides (por ejemplo, español si vives en España).
  3. No presentar discapacidad intelectual.

Descubre cómo participar y cómo tu voz puede marcar la diferencia pinchando aquí: 

Referencias

  • Allaghband-rad, J., Hajikarim-Hamedani, A. & Motamed, M. (2023). Camouflage and masking behavior in adult autism. Frontiers in Psychiatry, 14: 1108110. 
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