Altas capacidades, armonía y disincronía

Altas capacidades intelectuales, superdotación y talento son algunas de las formas más comunes para individuar y definir distintos perfiles intelectuales, caracterizados por un funcionamiento mental superior a lo esperable para la edad de la persona.

La dimensión principal a considerar es la inteligencia, no obstante, para un desarrollo armónico de la persona es necesario tener en cuenta también aspectos ligados a la madurez emocional, a la regulación del comportamiento y a la creatividad. Es decir que para un sano desarrollo mental y social es necesaria cierta armonía y equilibrio entre competencias de pensamiento-intelectuales y emocionales-afectivas.

Se considera que las altas capacidades intelectuales son el resultado de la conjunción de factores como el sustrato neurobiológico, factores evolutivos, personales, educativos y contextuales (Dai y Renzulli, 2008; Castelló, 2008; Sastre-Riba, 2008; Dai, 2005, Steiner y Carr, 2003).


Las altas capacidades

Dentro de lo coloquialmente conocido como “superdotación” se pueden distinguir distintos perfiles intelectuales: altas capacidades y talento (simple o múltiple). Las altas capacidades no necesariamente tienen una manifestación homogénea, es decir que la persona puede presentar áreas de funcionamiento mental más elevadas que otras. El único requisito imprescindible para su detección es obtener un Cociente Intelectual Total (CIT) interpretable y superior a 130 en una escala de inteligencia fiable y actualizada (Williams, Weiss y Rolfhus, 2003; Kaufman y Lichtenberger, 2000; Winner 2000).

magic-cube-1976824_1920De esta manera se identifica una capacidad intelectual global que se sitúa por encima del percentil 75, es decir que supera al 75% de la población de la misma edad en la muestra normativa correspondiente. En un sentido amplio el término de altas capacidades se relaciona con aspectos productivos, competencias elevadas poco frecuentes y medibles valoradas según un contexto cultural dado (Stenberg y Lubart, 1993, Sternberg, 1995; Pfeiffer, 2008).

Además de los índices generalmente incluidos en las pruebas de inteligencia, la investigación ha considerado otras variables de tipo cognitivo, que probablemente permitan realizar una aproximación más comprehensiva a la naturaleza multidimensional del constructo “altas capacidades”. Se trata de variables como la creatividad (López et al., 2000; Ferrando et al., 2008; Jimenez et al., 2008; Parra et al., 2005; Garcia-Ros et al., 2012), la atención mental (Navarro et al., 2006), la autorregulación (Navarro et al., 2006; Calero et al., 2007), los estilos cognitivos y la metacognición (Sastre-Riba, 2012).

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que en la actualidad no existe un acuerdo que ofrezca criterios para la detección de altas capacidades más allá de la puntuación de CIT. En un futuro próximo será necesario tomar en consideración y establecer criterios más allá del funcionamiento racional o lógico-deductivo, que permitan tomar en consideración otros aspectos también emocionales, sociales y de adaptación.

Actualmente, se consideran como típicas de las altas capacidades algunas características como:

  • Mayor capacidad de resolución de problemas complejos.
  • Estrategias más complejas y adecuadas a tareas y situaciones.
  • Comprensión temprana o rápida de los problemas.
  • Flexibilidad en la búsqueda de estrategias de resolución novedosas o alternativas.
  • Optimización del proceso. Es decir, mayor dedicación a la planificación que a la resolución, discriminando con mayor eficacia la información y estrategias relevantes e irrelevantes.
  • Mayor resistencia a la interferencia.

En otras palabras, el perfil intelectual en las altas capacidades se caracteriza, más que por una alta cantidad de información, por una elevada capacidad cognitiva global y gran disponibilidad de recursos de gestión y procesamiento.


El talento

Castillo de arena artístico

El talento se define como la aparición de puntuaciones iguales o superiores a un percentil 90 en una (talento simple) o varias aptitudes intelectuales (talento múltiple) aunque no necesariamente en todas. En este caso, las medidas de Cociente Intelectual (CI) pueden resultar útiles en la identificación del talento a nivel lógico-deductivo.

En los casos de los sujetos con talentos simples o múltiples el funcionamiento es más específico y vertical, y se relaciona con una mayor disponibilidad de información en determinados campos o aptitudes. El nivel de funcionamiento en las distintas áreas está condicionado por la configuración del perfil intelectual.


Perfil afectivo, emocional y social en las altas capacidades

kids-1093758_1920Existen diversos estudios que no hallan una diferencia a nivel de características psicológicas, salud mental o nivel de adaptación entre personas con alta capacidad y el resto de la población. De esta manera, se ha demostrado que las personas con altas capacidades no presentan mayor riesgo de dificultades en su salud mental o en su nivel de adaptación (Martin et al., 2010; Neihart et al., 2002; Borges et al., 2011) y demuestran características psicológicas similares en comparación con personas de capacidad normal (Terman, 1935, 1947, 1959; Wirthwein y Rost, 2011; Richards, Encel y Shute, 2003; Zeidner y Shani-Zinovich, 2011).

Tampoco se han hallado diferencias significativas en autoconcepto, a nivel comportamental, intelectual y físico ni en popularidad y felicidad-satisfacción autopercibidas, ni en la valoración de los profesores acerca de las relaciones interpersonales, del juego y de habilidades de afrontamiento (López et al., 2009).

Sin embargo, existen resultados contradictorios en cuanto a si las altas capacidades suponen una mayor resiliencia o un incremento de la vulnerabilidad a nivel emocional (Martin, Burns y Schonlau, 2010; Mönks, Heller y Passow, 2000). Este desacuerdo se ve reflejado en la existencia de dos hipótesis contrarias en relación con las personas con altas capacidades: la hipótesis armónica y la hipótesis de la disincronía.


La hipótesis armónica en las altas capacidades

La hipótesis armónica sugiere que las personas con altas capacidades no solo presentan mayores capacidades intelectuales, sino que son también más competentes socialmente, más exitosos y mejores en la adaptación a nuevas circunstancias (Persson, 1998).

En línea con esta hipótesis existen investigaciones que afirman que los alumnos con altas capacidades se perciben a sí mismos con una competencia social-emocional alta a nivel interpersonal, de adaptabilidad y en cuanto a inteligencia emocional-social total (Prieto et al., 2008). También los profesores parecen percibir a estos alumnos como más adaptados, con más personalidad y mayores habilidades interpersonales (Fernández et al., 2011).


La hipótesis de la disincronía en las altas capacidades

La hipótesis de la disincronía considera que la capacidad intelectual elevada supone un coste para las personas que la poseen, resultando en dificultades socioemocionales (Gallagher, 1990; Neihart, 1999).

arrow-2085195_1920En relación a esta hipótesis, investigaciones recientes han llegado a afirmar que “las altas capacidades son un factor que trae consigo un elevado grado de riesgo para un desarrollo armonioso” (Heller, 2005; p.199). En esta dirección, se ha considerado que más que las altas capacidades en sí mismas, el factor de riesgo podría estar más relacionado con las reacciones del entorno social hacia las personas con alta capacidad (profesores, pares, sociedad en general, etc.), hacia sus avances en el desarrollo y con respecto a sus necesidades intelectuales y socioemocionales (Fiedler, 1999; Vaivre-Douret, 2011; Preckel et al., 2015).

Por otra parte, se ha afirmado que características específicas de intensidad, sensibilidad o desarrollo asincrónico podrían estar asociadas con las altas capacidades, y que todas ellas podrían incrementar la vulnerabilidad de estas personas (Bailey, 2011; Peterson, 2009).

Algunas investigaciones señalan una relación relevante entre altas capacidades e inadecuado ajuste personal o social, caracterizado por dificultad para aceptar las propias capacidades (Gross, 1989), peor ajuste (Gross, 1999, Janos et al., 1985), peor autoconcepto social (Cornell et al., 1995; Ingersoll et al., 1995), asincronía (Terrasier, 200; Wilcove, 1998) o el llamado estigma de la superdotación (Coleman et al., 1988; Swiatek, 2002).


Altas capacidades y rendimiento académico

Los alumnos con altas capacidades y, de forma especial, aquellos con capacidades muy por encima de la media, pueden ser particularmente vulnerables a presentar un rendimiento académico inferior al que se esperaría en función de su nivel de capacidad (Reis y McCoach, 2000; Blaas, 2014).

Se ha considerado que el menor rendimiento académico podría ser el resultado de factores tanto internos como externos, más relacionados con el malestar socioemocional que con la falta de capacidad o inteligencia (Blaas, 2014).Existe una fuerte relación entre niveles elevados de bienestar emocional y rendimiento académico de cualquier alumno independientemente de sus capacidades. (Blaas, 2014; Pekrun, 1992).

Foto de un chico en estado de ansiedad sentado en un banco con un lápiz en la mano mientras realiza los deberes.

Las emociones han sido consideradas inductoras y/o mantenedoras del interés en el material de aprendizaje (Ainley, Corrigan y Richardson, 2005; Krapp, 2005) y con influencia sobre los aspectos más cognitivos del aprendizaje, ya que pueden desencadenar distintas formas de procesar la información y resolver las tareas (Isen, 1999) y facilitar o impedir la auto-regulación del aprendizaje en los estudiantes (Pekrun, Goetz, Titz y Perry, 2002).

A nivel temperamental o de personalidad, otros aspectos como el perfeccionismo, tradicionalmente asociado con la alta capacidad, podría influir en el nivel de bienestar emocional de los alumnos (McCrae, 2002; Mendaglio, 1994; Silverman, 1999). La investigación al respecto inicialmente tomó en consideración los aspectos más negativos del ser perfeccionista (Rimm y Maas, 1993; Silverman, 2007; Maxwell, 1995) como son los desajustes personales o una menor autoestima (Delisle, 1990; Reis, 1987).

Sin embargo, en la actualidad el perfeccionismo en altas capacidades se entiende también como un rasgo que puede comportar un alto estándar de objetivos y buen rendimiento (Winner, 1996), ya que en el caso de alta capacidad se ve potenciado por una mayor madurez, flexibilidad y creatividad (Sastre-Riba, 2012). De esta manera, se pueden identificar rasgos perfeccionistas sanos o adaptativos y también desadaptativos (Silverman, 2007).

La motivación hacia el mejor resultado puede guiar el desarrollo de las altas capacidades, pero cuando el perfeccionismo toma un cariz más compulsivo puede conducir a la insatisfacción, autocritica y, como consecuencia, al bajo rendimiento o abandono. Por este motivo, el perfeccionismo se considera un factor de riesgo en la inhibición del rendimiento en altas capacidades en los casos en que no existan estrategias de adaptación al mismo (Pyryt, 2007, Sastre-Riba, 2012).


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