Trastorno de personalidad histriónico

El caso

María no se siente cómoda cuando no es el centro de la atención, siempre está rodeada de gente y quiere ser la que más destaca, se apaga y se pone triste cuando se queda sola. También cambia de estado de ánimo rápidamente y a menudo. Cuando cuenta algo, lo hace siempre desde su punto de vista personal, no se pone en el lugar del otro. A veces levanta mucho su tono de voz, tanto que sus amigos bromeando la llaman “el cantante lírico”. Una vez se fue con su amiga al Museo Nacional, diciendo que era muy amiga del director y que podrían entrar gratuitamente. En realidad las dos se quedaron sin entradas, y se descubrió que María había visto al responsable del Museo una sola vez, en un local donde trabajaba como camarera. Desde hace nueve meses María participa en un grupo de psicoterapia. Este tipo de tratamiento parece beneficiarla mucho, además contribuye a que el grupo esté más motivado y sea más enérgico. Estas características de María hacen pensar que puede presentar un Trastorno Histriónico de Personalidad (TPH).

Clasificación DSM IV & CIE 10

El Trastorno Histriónico de Personalidad (DSM IV) se caracteriza por un patrón general de excesiva emotividad y una búsqueda constante de atención, que comienza al principio de la edad adulta en diferentes contextos, con 5 o más síntomas:

  1. No se siente cómodo en las situaciones en la que no es el centro de la atención.
  2. La interacción con los demás suele estar caracterizada por un comportamiento de seducción sexual o de provocación.
  3. Muestra una expresión emocional superficial y rápidamente cambiante.
  4. Utiliza permanentemente el aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo.
  5. Presenta una forma de hablar excesivamente subjetiva y carente de matices.
  6. Manifiesta autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional.
  7. Es sugestionable, por ejemplo es fácilmente influenciable por los demás o las circunstancias.
  8. Considera las relaciones más íntimas de lo que son en realidad.

Según la Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales y del Comportamiento (CIE-10), para diagnosticar un Trastorno Específico de la Personalidad (F60) se necesita detectar un trastorno grave del carácter y del comportamiento del individuo, al que se acompañan alteraciones personales y sociales considerables. Según el CIE-10 los trastornos de la personalidad tienden a presentarse en la infancia y adolescencia y a persistir durante la edad adulta. Para diagnosticar un Trastorno Específico de la Personalidad (F60) se requiere la presencia de una alteración de la personalidad no directamente atribuible a una lesión o enfermedad cerebral importante o a otros trastornos psiquiátricos, que reúna las siguientes pautas:

  1. Actitudes y comportamientos que carecen de armonía, que afectan por lo general a varios aspectos de la personalidad; por ejemplo a la afectividad, a la excitabilidad, al control de los impulsos, a las formas de percibir y de pensar y al estilo de relacionarse con los demás.
  2. La forma de comportamiento anormal es duradera, de larga evolución y no se limita a episodios concretos de enfermedad mental.
  3. La forma de comportamiento anormal es generalizada y claramente desadaptativa para un conjunto amplio de situaciones individuales y sociales.
  4. Las manifestaciones anteriores aparecen siempre durante la infancia o la adolescencia y persisten en la madurez.
  5. El trastorno conlleva un considerable malestar personal aunque éste puede también aparecer sólo en etapas avanzadas de su evolución.
  6. El trastorno se acompaña, por lo general aunque no siempre, de un deterioro significativo del rendimiento profesional y social.

F60.4 Trastorno histriónico de la personalidad. Se trata de un trastorno caracterizado por: 1) Tendencia a la representación de un papel, teatralidad y expresión exagerada de las emociones. 2) Sugestionabilidad y facilidad para dejarse influir por los demás. 3) Afectividad lábil y superficial. 4) Búsqueda imperiosa de emociones y desarrollo de actividades en las que ser el centro de atención. 5) Comportamiento y aspecto marcados por un deseo inapropiado de seducir. 6) Preocupación excesiva por el aspecto físico. Pueden presentarse además: egocentrismo, indulgencia para sí mismo, anhelo de ser apreciado, sentimientos de ser fácilmente heridos y conducta manipulativa constante para satisfacer las propias necesidades.

Se incluye: La Personalidad psicoinfantil e histérica; El Trastorno psicoinfantil e histérico de la personalidad.

Más información

blonde-hair-1867378_1920Un aspecto que une la Histeria (que se transformó en Trastorno Histriónico a partir del DSM III) con el Trastorno Histriónico de la Personalidad (con mecanismos más arcaicos) es el estilo cognitivo de tipo impresionista (Horowitz, 1977, 1995, 1997). Las personas con este tipo de trastorno inhiben el procesamiento de la información para contener emociones muy intensas, que no logran gestionar de otra manera (“la belle indifférence”). Esta inhibición afectiva a menudo se alterna con una expresión emocional excesiva, con el objetivo de obtener atención y respuestas de los demás. Así, la atención del histriónico está en gran parte orientada a evaluar si los demás le prestan atención (Gabbard, 2002). Las reacciones que los pacientes con Trastorno Histriónico de la Personalidad tienen hacia sus arrebatos emocionales se parecen, aunque de forma atenuada, al Trastorno de Identidad Disociativo. Otros dos mecanismos básicos de este trastorno son la identificación (MacKinnon, Michels, 1971) y la emotividad misma, que sirven para evitar que la persona entre en contacto con cualquier actitud o estado afectivo auténtico hacia sí mismo o los demás.

Un entorno familiar con dificultades emocionales o relacionales (unos padres demasiado distraídos, deprimidos o irritados por las necesidades de desarrollo del hijo) puede entrar en interacción con un niño que ya tiene sus dificultades de base. Así que (en el primer año de vida para el Trastorno Histriónico de la Personalidad, más tarde para la Histeria) de esta interacción de factores puede surgir un niño que no logra reconocer y metabolizar su propia experiencia emocional, fracasando sucesivamente en la gestión de los estados afectivos más intensos y dolorosos.