Trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo

El caso

Diego, de 38 años es investigador bioquímico en una empresa farmacéutica. Está casado y vive con su mujer y su hijo pequeño de 2 años. Trabaja muchísimo, alrededor de 12 horas diarias, 6 o 7 días a la semana. Casi nunca se concede un momento de ocio o diversión, ni siquiera con su familia. Dice: “¡No tengo tiempo para divertirme, debo atender muchas obligaciones!”. En los últimos cuatro años ha alcanzado una buena estabilidad laboral, antes estaba siempre viajando con becas de investigación y oportunidades laborales en Estados Unidos y Asia. Actualmente, su lugar de trabajo dista solo 15 kilómetros de su casa. Su mujer cuenta que va a trabajar en transporte público y, de vez en cuando, cogen juntos el metro. En esas ocasiones ha notado que Diego quiere sentarse siempre en el mismo asiento porque, según dice, así estará más cerca de la escalera de salida y podrá evitar  perder tiempo o quedarse atrapado entre la gente. Además de esto, Diego tiene muchas rutinas que utiliza, dice, para ahorrar tiempo, aunque no siempre parecen eficaces. Cuando desempeña alguna actividad con su mujer o con su mejor amigo, a menudo les regaña porque dice que no lo hacen con el cuidado necesario. A menudo se le responde que es muy inflexible y que, si no se hacen las cosas como dice él, nunca quiere participar en nada. Generalmente es muy escrupuloso, perfeccionista y ordenado tanto en su trabajo como en su vida personal. Sus cosas están siempre en un orden perfecto y nunca tira nada. Su meticulosidad a veces no le permite hacer las cosas rápidamente y, actualmente no le han ascendido en el trabajo porque no siempre acaba lo que empieza. Estas características de Diego hacen pensar que puede presentar un Trastorno de Personalidad Obsesivo-Compulsivo.

Clasificación DSM IV & CIE 10

El Trastorno de Personalidad Obsesivo-Compulsivo (DSM IV) se caracteriza por un patrón general de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, la espontaneidad y la eficiencia, que comienza al principio de la edad adulta en diferentes contextos, y se manifiesta con 4 o más síntomas:

  1. Preocupación por los detalles, las normas las listas, el orden, la organización o los horarios, hasta el punto de perder de vista el objetivo principal de la actividad.
  2. Perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas.
  3. Dedicación excesiva al trabajo y a la productividad con exclusión de las actividades de ocio y las amistades.
  4. Excesiva terquedad, escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores.
  5. Incapacidad para tirar los objetos gastados inútiles, incluso cuando no tienen un valor sentimental.
  6. Es reacio a delegar tareas o trabajos en otros a no ser que se sometan exactamente a su manera de hacer las cosas.
  7. Adopta un estilo avaro en los gastos para él y para los demás; el dinero es algo que hay que acumular con vistas a catástrofes futuras.
  8. Muestra rigidez y obstinación.

sad-girl-1382940_1920Según la Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales y del Comportamiento (CIE-10), para diagnosticar un Trastorno Específico de la Personalidad (F60) se necesita detectar un trastorno grave del carácter y del comportamiento del individuo, al que se acompañan alteraciones personales y sociales considerables. Según el CIE-10 los trastornos de la personalidad tienden a presentarse en la infancia y adolescencia y a persistir durante la edad adulta. Para diagnosticar un Trastorno Específico de la Personalidad (F60) se requiere la presencia de una alteración de la personalidad no directamente atribuible a una lesión o enfermedad cerebral importante o a otros trastornos psiquiátricos, que reúna las siguientes pautas:

  1. Actitudes y comportamientos que carecen de armonía, que afectan por lo general a varios aspectos de la personalidad; por ejemplo a la afectividad, a la excitabilidad, al control de los impulsos, a las formas de percibir y de pensar y al estilo de relacionarse con los demás.
  2. La forma de comportamiento anormal es duradera, de larga evolución y no se limita a episodios concretos de enfermedad mental.
  3. La forma de comportamiento anormal es generalizada y claramente desadaptativa para un conjunto amplio de situaciones individuales y sociales.
  4. Las manifestaciones anteriores aparecen siempre durante la infancia o la adolescencia y persisten en la madurez.
  5. El trastorno conlleva un considerable malestar personal aunque éste puede también aparecer sólo en etapas avanzadas de su evolución.
  6. El trastorno se acompaña, por lo general aunque no siempre, de un deterioro significativo del rendimiento profesional y social.

stress-1331259_1920F60.5 Trastorno anancástico de la personalidad. Se trata de un trastorno de la personalidad caracterizado por: 1) Falta de decisión, dudas y precauciones excesivas, que reflejan una profunda inseguridad personal. 2) Preocupación excesiva por detalles, reglas, listas, orden, organización y horarios. 3) Perfeccionismo, que interfiere con la actividad práctica. 4) Rectitud y escrupulosidad excesivas junto con preocupación injustificada por el rendimiento, hasta el extremo de renunciar a actividades placenteras y a relaciones personales. 5) Pedantería y convencionalismo con una capacidad limitada para expresar emociones. 6) Rigidez y obstinación. 7) Insistencia poco razonable en que los demás se sometan a la propia rutina y resistencia también poco razonable a dejar a los demás hacer lo que tienen que hacer. 8) La irrupción no deseada e insistente de pensamientos o impulsos. Se incluyen: Personalidad compulsiva. Personalidad obsesiva. Trastorno compulsivo de la personalidad. Trastorno obsesivo de la personalidad. Se excluye: Trastorno obsesivo-compulsivo (F42.-).

Más información

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo de Personalidad se caracteriza por una excesiva preocupación por el orden, la eficiencia, el perfeccionismo y una marcada tendencia a la inflexibilidad y rigidez mental (emocional e interpersonal).

La persona con este tipo de trastorno debe “controlarlo todo” a través de una visión analítica y detallada de la realidad. Necesita puntos de referencia, tiene miedo a los cambios, falta de humor, es rígido e intolerante especialmente consigo mismo. A menudo es tacaño y no tira los objetos desgastados y sin valor real o afectivo. Presenta limitaciones en las relaciones sociales, no tolera los compromisos, prefiere relaciones autoritarias y tiene pocos amigos.

A menudo es indeciso y obstinado, da muchas vueltas antes de tomar una decisión por miedo a cometer errores o inexactitudes. Se dedica muchísimo al trabajo y a la familia, excluyendo cualquier actividad de ocio y las amistades, presenta mecanismos de defensa obsesivos típicos (contra emociones como la ira o la dependencia) como el aislamiento, la racionalización, la formación reactiva y la anulación del afecto.

sad-864399_1920Las personas con Trastorno de la Personalidad Obsesivo-Compulsivo por lo general han recibido una educación rígida y presentan una importante falta de confianza en sí mismos. Durante su infancia, se sentían a menudo no suficientemente valorados y amados. En algunos casos esto podía depender de las características reales de los padres, en otros casos el niño puede haber requerido más consuelo y afecto de lo habitual para percibir la aprobación de los padres y sentirse amado. Como resultado, en lo profundo de una persona con Trastorno de la Personalidad Obsesivo-Compulsivo hay una sensación de no ser amado y apreciado, de sentirse herido, enojado y dudar de sí mismo y de los demás (por esto se debe controlar todo).

Como consecuencia de esta insatisfacción, se genera en la persona tanto ira como una fuerte necesidad de dependencia. Se tiende a generar un sentido de culpa en los demás por no estar más disponibles emocionalmente. Dado que el individuo con trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo no puede aceptar emociones como la ira y la dependencia, se defiende de ellas a través de mecanismos de formación reactiva y aislamiento del afecto. También la intimidad se convierte en un problema importante, ya que plantea la necesidad de gestionar emociones intensas de dependencia, amor, separación, y supondría una “pérdida de control”.

El Trastorno de la Personalidad Obsesivo-Compulsivo se puede convertir en un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (Eje I – DSM IV – Trastornos de Ansiedad), alterando seriamente la eficiencia laboral y el funcionamiento social del individuo. Alrededor de los 55-65 años estas personas pueden presentar mayor riesgo de depresión, cuando los sueños de su juventud se han visto rotos por la realidad del paso del tiempo (Gabbard 2002).

Diferencia entre Trastorno de Personalidad Obsesivo-Compulsivo y Trastorno Obsesivo-Compulsivo (Eje I – DSM IV – Trastornos de Ansiedad)

En el Trastorno de Personalidad Obsesivo-Compulsivo el individuo percibe sus rasgos personales y los comportamientos que pone en marcha como egosintónicos, adaptativos y, sólo de vez en cuando, percibe malestar debido a ellos.

En el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (Eje I – DSM IV – Trastornos de Ansiedad) los síntomas son egodistónicos, es decir que el individuo los reconoce como problemáticos y quiere liberarse de ellos. Se trata de pensamientos con contenidos desagradables, que empujan a la persona a poner en marcha conductas rituales para librarse de ellos.