Rumiación, preocupación y pensamientos repetitivos

La preocupación y la rumiación son dos formas de pensamiento negativo repetitivo comúnmente estudiadas por su relación con los trastornos emocionales, por su interferencia en la resolución de problemas, en el bienestar emocional y la salud de las personas (Segenstorm et al., 2003).

La preocupación se ha definido como una “cadena de pensamientos e imágenes con carga afectiva negativa y relativamente incontrolables” (Borkovec et al., 1983, p. 10). La rumiación se ha considerado como tendencia a perseverar en pensamientos recurrentes alrededor de un tema concreto, habitualmente relacionado con las causas e implicaciones del malestar emocional, y la dificultad de modificar esta línea de pensamiento hacia nuevos temas (Joormann  et al., 2011; Nolen-Hoeksema, 1991, p. 569).

Ambas formas de pensamiento, se han considerado como factores de predisposición para el desarrollo de malestar y trastornos psicológicos (Kubzansky et al., 1997; Segenstorm et al., 1998; Thayer et al., 1996) y, de manera más específica, en el desarrollo de sintomatología ansiosa y depresiva (McLaughlin and Nolen-Hoeksema, 2011; Nolen-Hoeksema et al., 2008, 1994; Hong, 2007; Muris et al., 2005; Fresco et al., 2002; Flett et al., 2002; Spasojevic & Alloy, 2001; Segerstrom et al., 2000). También se ha señalado una relación entre el pensamiento y distintos estilos cognitivos desadaptativos, como son la inferencia o estilos atribucionales negativos, actitudes disfuncionales, desesperanza, pesimismo, auto-crítica o dependencia (Lam et al., 2003; Robinson y Alloy, 2003; Ciesla y Roberts, 2002; Flett et al., 2002; Nolen-Hoeksema y Jackson, 2001; Spasojevic y Alloy, 2001; Nolen-Hoeksema et al., 1999;Luborminsky et al., 1999; Nolen-Hoeksema y Davis, 1999; Luborminsky y Nolen-Hoeksema, 1995).

Los pensamientos repetitivos como la preocupación y la rumiación, presentan generalmente una valencia o contenido negativo, que influye aumentando la vulnerabilidad en el desarrollo de trastornos ansiosos y depresivos. De esta manera, podrían considerarse como factor de riesgo común -o fenómeno transdiagnóstico-, y dar explicación a la elevada comorbilidad entre los distintos trastornos emocionales (McEvoy et al., 2013; Ehring and Watkins, 2008; Harvey et al., 2004).

La sintomatología depresiva se asocia habitualmente con una mayor tendencia a responder a los estados de ánimo y eventos vitales negativos con la aparición de pensamiento rumiativo (Nolen-Hoeksema et al., 2008; Beck, 1967).

Algunos estudios longitudinales sobre la rumiación en adultos han señalado que las personas con tendencia a presentar este tipo de pensamiento ante el malestar emocional, suelen presentar periodos depresivos más prolongados, y tienen mayor probabilidad de desarrollar trastornos del estado de ánimo (Sarin et al., 2005; Mor y Winquist, 2002; Spasojevic & Alloy, 2001; Segerstrom et al., 2000; Nolen-Hoeksema, 2000; Kuehner & Weber, 1999; Roberts et al., 1998; Nolan et al., 1998; Nolen-Hoeksema et al., 1993, 1994). Esta misma tendencia se ha señalado también en estudios con población infantil y adolescente (Abela et al., 2002; Nolen-Hoeksema et al., 2007; Schwartz & Koenig, 1996).

La teoría de los estilos de respuestas (Nolen-Hoeksema, 1991), se propone como modelo para dar explicación a la relación entre rumiación y sintomatología afectiva. Según esta teoría, la rumiación conduce a la persona a permanecer centrada  en los problemas y sensaciones, sin poner en marcha mecanismos o estrategias activas para su afrontamiento, y puede aumentar y prolongar el malestar emocional a través de distintos mecanismos (Nolen-Hoeksema, 1991):

  • Aumenta los efectos del estado de ánimo depresivo a través del pensamiento, incrementando la probabilidad de uso de pensamientos y recuerdos activados por la percepción negativa de uno mismo y de los demás en la comprensión de los acontecimientos y experiencias.
  • Interfiere en la resolución de problemas, ya que la persona parte de un pensamiento más negativo y pesimista.
  • Interfiere con el comportamiento instrumental, generando un aumento de las circunstancias percibidas como estresantes.

En lo que respecta a la sintomatología ansiosa, se ha considerado el potencial del pensamiento rumiativo para clarificar la relación entre estrés vital y la co-ocurrencia de síntomas ansiosos y depresivos (Nolen-Hoeksema, 2000).

De esta manera, algunos autores han considerado la rumiación como una respuesta espontánea común ante el estrés en las personas con trastorno de ansiedad generalizada y trastornos depresivos moderados (Ruscio et al., 2015). Como posibles consecuencias de este tipo de respuesta se han señalado mayor probabilidad de aparición de respuestas fisiológicas intensas, recuperación retrasada ante estresores y mayor reactividad ante eventos posteriores (Watkins et al., 2008; Watkins, 2004;  Zoccola et al., 2010, 2008).

Aspectos cognitivos de la rumiación

La rumiacion puede aparecer como un intento de aumentar el control, reducir la incertidumbre e incrementar la sensación de seguridad en relación con eventos  potencialmente negativos (Segenstorm et al., 2003).  Las personas con tendencia a la rumiación pueden considerar que esta les proporciona una visión más completa de sus problemas y, por ello, apoyarse en ella ante las situaciones problemáticas al considerar que se trata de una estrategia útil (Lyuborminsky y Nolen-Hoeksema, 1993).

Algunas investigaciones han señalado que dificultades en la memoria de trabajo podrían estar en la base de las respuestas rumiativas en los trastornos depresivos (Davis y Nolen-Hoeksema, 2000; Joormann, 2010; Joormann y Gotlib, 2008). También se ha indicado que tanto la rumiación como otros síntomas depresivos implican dificultades tanto en la inhibición de información irrelevante (Goeleven et al., 2006; Joormann, 2004,2006) como en la eliminación de material negativo de la memoria de trabajo (Joormann y Gotlib, 2008).

En la manipulación de la información en la memoria de trabajo, las representaciones y asociaciones entre los contenidos deben ser modificadas (Morris y Jones, 1990; Shimamura, 2000). La capacidad de mantener, manipular y actualizar la información en la memoria de trabajo se ha asociado con diferencias individuales en el rango de los procesos cognitivos (Berrouillet et al., 2008), incluyendo el control inhibitorio (Minamoto et al., 2010), la auto-regulación (Hofmann et al., 2008) y la resolución de problemas (De Smedt et al., 2009).

Según otros autores, una menor flexibilidad cognitiva puede influir en la rumiación (Joormann  et al.,2011), ya que las personas con menor flexibilidad pueden tener mayor dificultad para modificar la línea de pensamiento, quedando bloqueados en determinados pensamientos (Joormann et al., 2011; Altamirano et al., 2010; Withmer y Banich, 2007; Davis y Nolen-Hoeksema, 2000) frente a las personas con mayor flexibilidad a nivel cognitivo.

Cómo manejar el pensamiento repetitivo?

Cuando el contenido de los pensamientos se centra en aspectos negativos o tiene como consecuencia la desadaptación de la persona, las respuestas de distracción son pensamientos y conductas que pueden ser de ayuda en desviar la atención del estado de ánimo negativo y sus consecuencias, a través de pensamientos y actividades más positivas y que requieren concentración, implicación y con mayor probabilidad de generar reforzamiento positivo (Csikszentmihalyi, 1990; Nolen-Hoeksema, 1991).

Cabe tener en cuenta que, dada la elevada correlación con trastornos del estado de ánimo, en muchos casos puede resultar recomendable acudir a un profesional especializado, que pueda valorar la intensidad y alcance de los pensamientos rumiativos y proporcionar un apoyo adecuado a las necesidades concretas de la persona en su manejo y afrontamiento.

Otras formas de pensamiento repetitivo

En la literatura científica se han realizado varias distinciones de los tipos de pensamiento repetitivo en función de distintos criterios y dimensiones:

  1. Según sus consecuencias a nivel de adaptación: adaptativo vs. desadaptativo
  2. Según el contenido: Las teorías cognitivas han sugerido que el contenido del pensamiento es un elemento determinante de sus consecuencias. Por lo que respecta a la valencia del contenido, los pensamientos negativos contribuyen al malestar (Beck, 1967). De manera contraria, los pensamientos positivos se encuentran en el centro de constructos como la auoestima y el optimismo, que afectan a un mejor ajuste (Taylor y Brown, 1988).
  3. Según su orientación temporal y las consecuencias afectivas: los pensamientos acerca de pérdidas y del pasado correlacionan con síntomas depresivos, mientras que los pensamientos focalizados en el futuro demuestran mayor correlación con la ansiedad (Watkins, 2008; Papageorgiou y Wells, 1999; Beck et al., 1987; Clark et al., 1989; Kendall y Ingram, 1989).
  4. Según el grado de controlabilidad: Cuando el pensamiento repetitivo es más controlable se considera más beneficioso por distintos motivos (Compas et al., 1997; Greenberg, 1995). En esta línea se ha señalado una mayor capacidad para variar el contenido (implicándose en contenidos más positivos y limitar los negativos); y, por otro lado, la propia percepción de incontrolabilidad  del pensamiento, que puede constituir una causa generadora de malestar en si misma (Wells, 1994).
  5. En función de su propósito (Pennebaker y Francis, 1996) distinguieron entre procesos cognitivos en los que el objetivo es la búsqueda de nuevas perspectivas o comprensión de los propios sentimientos y experiencias (e.g. la reflexión promueve una nueva visión de uno mismo, y la rumiación depresiva promueve la búsqueda causal y el autoanálisis); la resolución de problemas y consolidación de esquemas; la preparación de acontecimientos y búsqueda de alternativas (Stegenstorm et al., 2003).

Algunas formas adaptativas de pensamiento repetitivo

Existen lineas de investigación centradas en los aspectos adaptativos del pensamiento repetitivo que señalan que, a pesar de la connotación y consecuencias negativas que comúnmente se les imponen, entre las distintas formas de pensamiento repetitivo existen algunas que generan consecuencias adaptativas (Segenstorm et al., 2003).

El llamado procesamiento cognitivo generalmente se relaciona con el pensamiento repetitivo derivado de experiencias traumáticas o emociones negativas. A diferencia de la preocupación y la rumiacion, este tipo de procesamiento se ha considerado como un elemento de recuperación (Segenstorm et al., 2003; Horowitz,1985; Horowitz et al., 1993).

Algunos autores han considerado que las intrusiones cognitivas que acompañan a los eventos estresantes pueden ser consideradas el primer paso en la aceptación y adaptación, y un proceso de elaboración (working through) relacionado con el cambio de esquemas y reinterpretación positiva de  los eventos (Janoff-Bulman, 1989; Horowitz,1985; Horowitz et al., 1993). Según este modelo, aquellos que pasan por este proceso cognitivo tras una experiencia negativa presentan mayor probabilidad de encontrar un significado o cierto crecimiento personal (Ullrich y Lutgendorf, 2002; Bower et al., 1998). Cabe tener muy presente, sin embargo, que el procesamiento cognitivo es una estrategia que ha demostrado ser más eficaz cuando se verbaliza o comparte, frente al procesamiento en solitario (Stanton et al., 2000; Greenberg, 1995; Pennebaker y O’Heeron, 1984; Silver et al., 1983).

También el procesamiento emocional, definido como los esfuerzos voluntarios para conocer y comprender la relevancia de las propias emociones y estados internos (Segerstom et al., 2003) se ha entendido como una forma de pensamiento repetitivo adaptativo o positivo. La reflexión, entendida como auto-examen intelectual, es una forma potencialmente adaptativa del pensamiento repetitivo (Trapnell y Campbell, 1999). A pesar de que la auto-focalizacion puede llegar en ocasiones a presentar un tono negativo, como en el caso de la rumiación depresiva, también puede presentar una vertiente adaptativa en relación con la curiosidad e interés en la auto-evaluación y el auto-conocimiento (Trapnell y Campbell, 1999).Factores como el género, la capacidad de expresión emocional, controlabilidad, fase de la experiencia estresante y el contexto social son elementos relevantes en el procesamiento emocional (Stanton et al., 2000)

Las estrategias de afrontamiento cognitivo, como la planificación o el ensayo cogntivo, también reflejan potenciales efectos adaptativos del pensamiento repetitivo (Carver et al., 1989; Folkman y Lazarus, 1988). En particular, estrategias como la simulación mental (Taylor et al., 1989, 1998), en que la persona imagina los pasos necesarios para alcanzar una meta, puede conducir a una mayor implicación con el proceso, el afrontamiento activo de eventos negativos o estresantes y la búsqueda de apoyo instrumental y social (Taylor et al., 1998).


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