La Universidad Europea de Madrid celebró la décima edición de JOSMIN, una jornada marcada por la reflexión sobre el contexto, la escuela, la familia y la intervención psicoterapéutica con adolescentes. La simulación clínica del caso de Blanca se convirtió en uno de los momentos centrales del encuentro.
El pasado 22 de mayo de 2026 se celebró en la Universidad Europea de Madrid la X Jornada en Salud Mental Infantil y Juvenil, Neurodesarrollo y Contexto (JOSMIN), organizada desde el Máster Universitario en Psicología Infantil y Juvenil, dirigido por Giuseppe Iandolo.
Diez ediciones después, JOSMIN se consolida como un espacio de encuentro entre universidad, práctica clínica, investigación y profesión. No se trata solo de una jornada académica, sino de un lugar donde pensar juntos qué significa hoy acompañar el malestar psicológico de niños, niñas, adolescentes y familias en un contexto social cada vez más complejo.
En esta edición, el lema de la jornada «contexto, salud mental y calidad de vida en infancia y adolescencia» permitió articular un recorrido especialmente coherente: del marco institucional y comunitario a la escuela, de la escuela a la familia, y de la familia a la intervención clínica con adolescentes.
Una jornada impulsada desde el compromiso con la formación
La apertura estuvo a cargo de Giuseppe Iandolo, director del Máster Universitario en Psicología Infantil y Juvenil de la Universidad Europea de Madrid, quien presentó el sentido de esta décima edición y situó la jornada dentro de una trayectoria de diez años dedicada a reflexionar sobre la salud mental infantil y juvenil.
Su intervención permitió enmarcar JOSMIN como algo más que una cita anual: un espacio de formación, transferencia y diálogo entre profesionales. Desde su dirección del máster, Iandolo ha impulsado una mirada en la que la psicología infantil y juvenil no puede separarse del contexto educativo, familiar, relacional y comunitario en el que se desarrolla la vida de los menores.
La jornada contó también con la bienvenida institucional de Natividad Pérez Villalobos, decana de la Facultad de Ciencias Biomédicas y de la Salud de la Universidad Europea de Madrid, y de Timanfaya Hernández, decana del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Ambas intervenciones reforzaron una idea compartida: la salud mental infantil y juvenil requiere una mirada amplia, preventiva, interdisciplinar y profundamente conectada con los entornos cotidianos.
En este marco, se destacó especialmente el concepto One Welfare, presentado por Natividad Pérez Villalobos como una evolución de la mirada One Health y como una forma de comprender la interdependencia entre bienestar humano, bienestar animal, biodiversidad, entorno y comunidad.
Escuela y familia: dos contextos imprescindibles
La primera ponencia magistral corrió a cargo de José Antonio Luengo Latorre, psicólogo, catedrático de enseñanza secundaria y coordinador de la Unidad de Formación e Investigación en Salud Mental del Instituto Superior Madrileño de Innovación Educativa.
Su intervención situó a la escuela como un “ser vivo”: un espacio cargado de vínculos, conflictos, tensiones, aprendizajes, desigualdades y oportunidades. Luengo subrayó que los centros educativos no pueden ser entendidos únicamente como lugares de instrucción, sino como contextos privilegiados para la promoción del bienestar, la detección temprana del malestar y la construcción de entornos protectores.
Una de las ideas más potentes de su ponencia fue la necesidad de dignificar la acción tutorial y formar al profesorado en claves de cuidado, vínculo, escucha y acompañamiento. En una sociedad atravesada por la hiperexigencia, la fragilidad de los vínculos, la presión digital y la tendencia a psicopatologizar la vida cotidiana, la escuela aparece como un espacio decisivo para sostener, prevenir y reparar.
La segunda ponencia, impartida por José Pedro Espada Sánchez, catedrático de Psicología de la Salud en la Universidad Miguel Hernández de Elche, director del Centro de Investigación de la Infancia y la Adolescencia y responsable del grupo AITANA, puso el foco en la familia como factor de protección.
Espada abordó los retos actuales de las familias: la sobrecarga parental, la confusión en torno a los estilos educativos, la dificultad para poner límites, el impacto de las pantallas, la baja tolerancia a la frustración y la necesidad de acompañar a los padres sin convertirlos en responsables únicos del malestar de sus hijos. Su ponencia permitió recordar que la intervención psicológica con niños y adolescentes mejora cuando se incluye a las familias, aunque ese trabajo sea exigente, complejo y muchas veces difícil de sostener en la práctica.
Escuela y familia aparecieron así como dos escenarios fundamentales. Pero la jornada dio un paso más: mostró qué ocurre cuando ese malestar llega a consulta.
La simulación clínica de Blanca: aprender mirando la intervención
Uno de los momentos más significativos de JOSMIN fue la mesa redonda “Intervenir cuando el conflicto llega antes que el trauma: simulación de una psicoterapia con Blanca”, moderada por Juan Múzquiz Herrero.
La propuesta combinó tres elementos de enorme valor formativo: simulación clínica, supervisión y debriefing. Tal como explicó Múzquiz, la simulación permite aprender en un entorno seguro, del mismo modo que otras profesiones sanitarias entrenan situaciones complejas antes de enfrentarse a ellas en contextos reales. En psicología, este tipo de metodología ofrece una oportunidad especialmente valiosa: observar no solo qué se dice en una sesión, sino cómo se construye el vínculo, cómo se maneja el silencio, cómo se sostiene la hostilidad y cómo se toman decisiones clínicas en tiempo real.
El caso presentado fue el de Blanca, una adolescente con sintomatología ansioso-depresiva, irritabilidad, dificultades de regulación emocional y conductual, baja autoestima y problemas relacionales en el ámbito social y académico. Su historia incluía conflictos con iguales, intervención policial, proceso judicial posterior, recuerdos intrusivos, hipervigilancia y respuestas defensivas ante situaciones vividas como amenazantes.
La sesión simulada fue conducida por Carolina Ángel Ardiaca, doctora en Psicología, psicoterapeuta y profesora de la Universidad Europea. Su intervención mostró una manera de estar clínicamente con una adolescente que llega protegida por capas de desconfianza, ironía, evitación y defensa. Más que buscar una apertura rápida, la sesión permitió observar el trabajo fino de la alianza terapéutica: preguntar sin invadir, sostener sin precipitar, validar sin reforzar la agresividad y abrir pequeñas vías de exploración allí donde la adolescente parecía cerrar todas las puertas.
Del caso al pensamiento clínico compartido
Tras la simulación, la mesa permitió algo fundamental: pensar clínicamente en voz alta. Participaron, junto a Carolina Ángel, Luisa Fernanda Yágüez Ariza, Natalia Pedrajas Sanz y Cristina Sanz García, aportando miradas complementarias desde la psicología clínica, sanitaria, familiar, contextual, domiciliaria y sistémica.
El debriefing abordó cuestiones centrales para la práctica con adolescentes. Una de ellas fue la imagen de la adolescente “blindada”: chicos y chicas que llegan a consulta sin demanda clara, con respuestas breves, lenguaje defensivo y una profunda dificultad para confiar. La mesa recordó que muchas veces la agresividad no es el problema de fondo, sino una forma aprendida de protección. En adolescentes con historias de daño, conflicto o trauma, la defensa puede aparecer antes que la tristeza.
También se habló de la importancia del cuerpo en sesión: la postura, la chaqueta, el pelo, la mirada esquiva, la forma de ocupar el espacio. El cuerpo adolescente comunica incluso cuando la palabra se cierra. La clínica, por tanto, no consiste solo en interpretar el discurso, sino en escuchar la escena completa.
Otro eje especialmente relevante fue el papel de las emociones del terapeuta. La frustración, la inseguridad, la sensación de rechazo o el deseo de “hacerlo bien” forman parte de la experiencia clínica. La mesa insistió en la necesidad de que los profesionales puedan reconocer sus propias reacciones, supervisarlas y no responder desde la herida narcisista o desde la urgencia de controlar el caso.
Padres, escuela y equipo: nadie interviene solo
La discusión también abrió un punto esencial: la intervención con adolescentes no puede sostenerse únicamente en la relación individual terapeuta-paciente. En los casos complejos, es necesario construir un encuadre donde también haya espacio para los padres, para el centro educativo y para otros profesionales implicados.
Luisa Fernanda Yágüez subrayó la importancia de trabajar con los padres sin traicionar la confianza del adolescente, evitando que el menor quede atrapado como “paciente identificado”. Cristina Sanz puso el foco en la dificultad de generalizar los avances de la consulta a otros contextos, especialmente cuando la agresividad sigue siendo funcional en el aula, en el grupo de iguales o en el entorno social. Natalia Pedrajas destacó el valor de la intervención domiciliaria y contextual, especialmente cuando el adolescente no puede o no quiere acudir a consulta, y cuando entrar en su espacio permite comprender mejor su mundo.
La mesa también abordó la supervisión como práctica ética y necesaria. La clínica infantojuvenil puede ser intensa, emocionalmente exigente y técnicamente compleja. Por eso, aprender a pedir ayuda, compartir casos, reconocer errores y pensar en equipo no es una debilidad profesional, sino una condición de buena práctica.
Una jornada con amplia participación y un fuerte valor formativo
La amplia participación de estudiantes, profesionales y docentes convirtió la jornada en un espacio vivo de intercambio.
Esta X edición de JOSMIN deja una idea especialmente valiosa: la formación en psicoterapia no se transmite solo a través de conceptos, sino también mediante experiencias donde se pueda observar, ensayar, equivocarse, reparar y pensar con otros.
La simulación de Blanca permitió hacer visible algo que suele permanecer oculto: el proceso interno del terapeuta, la construcción gradual del vínculo, la incertidumbre de la intervención y la necesidad de sostener el malestar sin apresurarse a resolverlo.
En tiempos en los que la salud mental infantil y juvenil ocupa un lugar central en la conversación social, espacios como JOSMIN recuerdan que intervenir bien exige contexto, evidencia, formación, humanidad y trabajo compartido.
La décima edición de JOSMIN no solo volvió a poner el foco en la salud mental infantil y juvenil. También mostró que, para acompañar a niños, niñas y adolescentes, necesitamos seguir aprendiendo a mirar más allá del síntoma: hacia la escuela, la familia, el cuerpo, el vínculo, el trauma, la comunidad y la relación terapéutica.
