La construcción de la identidad

La construcción de la identidad implica comprender, representar y ser consciente de quienes somos y de cómo nos consideramos social y personalmente, implicando facetas subjetivas como la individualidad, la autoestima, la capacidad de autoreflexión y autobservación así como la conciencia de uno mismo (Lingiardi y McWilliams, 2017).

La identidad es el conjunto de características y rasgos que percibimos de nosotros y que nos permiten definir, frente a los demás, quienes somos, que deseamos y hacia dónde queremos dirigirnos en nuestro desarrollo vital personal, relacional, profesional y social.

A nivel cognitivo, requiere de la capacidad de sintetizar e integrar identificaciones previas en una imagen personal relativamente estable y progresivamente más integrada entre sus distintas facetas.

Además, para definir una propia identidad, es necesario cierto desarrollo del pensamiento operacional tanto formal como abstracto, que permita realizar predicciones sobre el futuro así como considerar, de manera simultánea, distintas alternativas de elección, deseos y necesidades (Lingiardi y McWilliams, 2017).

El proceso de construcción y consolidación de la identidad se prolonga a lo largo de toda la adolescencia e inicio de la etapa adulta. En muchos casos, requiere de numerosos intentos antes de empezar a poder considerarse relativamente estable o definitiva.

Los distintos modelos teóricos identifican dos periodos evolutivos clave para su definición que oscilan entre los 15 y 18 años (Erikson, 1963) y, según una visión más prolongada, entre los 18 y 22 años (Marcia, 1980, 1983, 1989, 1993; La Voie, 1994, Waterman, 1985, 1993; Archer, 1989; Meilman, 1979).

Un mecanismo central en el proceso de construcción de la identidad es la identificación, un proceso inter- e intrasubjetivo que nos acompaña desde la primera infancia, que puede tener efectos tanto positivos como negativos, en función de las características de la persona de referencia que ejerce de modelo de identificación, así como de nuestra relación con ella.

El mecanismo de identificación implica hacer propias creencias, conductas, maneras de ser y actuar de una persona de referencia que ejerce de modelo. Se basa en aspectos tanto personales de quien se identifica como de comparación y cognición social con el modelo de identificación, que puede ser una persona significativa del entorno familiar, extrafamiliar o del grupo de pares (Lingiardi y McWilliams, 2017; Goffman, 1959).

A lo largo del proceso de construcción de la identidad nos podeomos identificar con distintos aspectos del modelo de identificación y es especialmente relevante su rol social. Esto porque identificar e identificarse con un rol social es un elemento básico en la formación de la identidad de los jovenes (Lingiardi y McWilliams, 2017; Goffman, 1959).

A lo largo del siglo XX, distintos teóricos de la psicología han presentado modelos, estableciendo distintas etapas y diferencias individuales en el proceso de construcción de la identidad:

  1. La teoría del desarrollo psicosocial de Erikson (1959, 1968);
  2. El modelo del estatus de identidad de Marcia (1966);
  3. El modelo secuencial de formación de identidad de Grotevant (1987);
  4. El modelo del desarrollo de la identidad personal orientado al proceso de Luyckx, Goossens, Soenens, & Beyers (2006).

Teoría del desarrollo psicosocial de Erikson

Según la teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson (1959, 1968), la personalidad se desarrolla en ocho etapas predeterminadas en el curso vital. En cada etapa, el niño, el adolescente o el adulto experimenta una crisis que debe resolver para poder pasar a la fase psicológica y social sucesiva. El exíto de la crisis puede promocionar o limitar el desarrollo óptimo de la persona.

Según la teoría eriksoniana, la adolescencia y juventud son periodos de transición psicosocial especialmente importantes. La crisis de identidad en la adolescencia se caracteriza por una exploración de uno mismo (self), cuando la persona empieza a pensar quién es y quién quiere ser en el futuro. Esta crisis puede conducir al establecimiento de un sentido del uno mismo estable y unificado, o resultar en una falta de metas o propósitos conllevando una confusión del rol social.

la construcción de la identidad

Desde la perspectiva eriksoniana, la identidad resulta de la interacción dinámica entre dos extremos: la síntesis y la confusión de la misma. Por un lado, la síntesis de la identidad conlleva representar las distintas facetas de uno mismo (self) de manera coherente e internamente consistente, percepción que se mantiene relativamente estable en el tiempo y en distintas situaciones (Dunkel, 2005). Por otro lado, en la confusión de la identidad, la persona percibe un sentido de uno mismo (self) fragmentado, que no apoya la toma de decisiones ni la orientación hacia metas o propósitos en un rol social claro.

Una vez resuelta la crisis de identidad, el jóven adulto deberá enfrentarse a la crisis de intimidad, que se caracteriza por la búsqueda de conexión con otros y la formación de relaciones significativas. Estas conexiones interpersonales cercanas pueden ser buscadas y establecidas con éxito o, por el contrario, pueden ser evitadas, conduciendo a un sentimiento de aislamiento.

Según el modelo psicosocial de Erikson, el bienestar psicológico en la etapa adulta es contingente con la resolución de ambas crisis: indentidas vs. confusión de rol (adolescencia) e intimidad vs aislamiento (joventud).


Modelo del estatus de identidad

El modelo del estatus de identidad elaborado por Marcia (1966) es la primera operacionalización empírica del modelo del desarrollo psicosocial de Erikson y se ha mantenido más de 45 años después de su presentación, inspirando numerosas publicaciones teóricas y empíricas (Kroger & Marcia, 2011). Según este modelo, los componentes principales de la identidad son dos: la exploración y el compromiso.

Exploración y compromiso son tanto dimensiones internas al individuo como marcadores comportamentales externos, que indican el nivel de consolidación de la identidad y desvelan la forma en que la persona se aproxima a la experiencia y se compromete con ella, en un determinado momento de su vida.

  • La exploración es una función que permite clasificar potenciales alternativas de identidad y buscar distintas alternativas en relación con las metas y valores de la persona.
  • El compromiso es una función que permite seleccionar y adherirse a una o más alternativas, realizando una elección consciente sobre aspectos relevantes de la propia identidad.

Ambas dimensiones se pueden desarrollar a lo largo de un continuum, entre «presencia” y “ausencia”, definiendo cuatro estadios o posiciones en la formación de la identidad:

  1. Logro (achievement): alto compromiso, alta exploración
  2. Ejecución (foreclosure): alto compromiso, baja exploración
  3. Moratoria (moratorium): bajo compromiso, alta exploración
  4. Difusión (diffusion): bajo compromiso y baja exploración.

Aunque el logro se considera generalmente el estatus evolutivamente mas maduro y la difusión el de menor madurez, distintos investigadores coinciden en que no hay una ruta evolutiva normativa sobre la forma en que las personas progresan (o regresionan) entre los distintos estatus (van Hoof, 1999).

Muchos trabajos a partir del modelo de Marcia se han centrado en la comparación y contraste de los cuatro estadios en términos de personalidad, ajuste y variables evolutivas como el apego, la toma de perspectivas y el razonamiento moral (Kroger y Marcia,  2011). Posteriormente, estos estadios se han asociado también con características específicas de personalidad en distintas investigaciones:

  • Logro: pensamiento equilibrado y relaciones interpersonales maduras (Beyers & Seiffge-Krenke, 2010; Krettenauer, 2005);
  • Moratoria: apertura y curiosidad (Luyckx, Goosens & Soenens, 2006) pero también con síntomas de ansiedad, depresión y menor bienestar (Schwartz et al., 2009);
  • Ejecución: satisfacción con uno mismo y bajos niveles de sintomatología internalizante (Schwartz, Beyers et al., 2011);
  • Difusión: baja autoestima, ausencia de sentimientos de autodirección y agencia (Schwartz et al., 2005).

En una revisión posterior del modelo (Marcia, 1993; Meeus, 1996a) se establece una división de los estatus de identidad en dos grupos en función de su nivel de exploración (actividad/pasividad o madurez/inmadurez).

Por un lado, los estatus de logro de identidad y moratoria, ambos en el extremo positivo de la dimensión de exploración, se han considerado estatus “activos” y “maduros”, debido a su asociación a características generalmente positivas en cuanto a la autoestima, autonomía y razonamiento moral.

Por otro lado, los estatus en el extremo negativo de la dimensión de exploración, es decir ejecución y difusión, se han considerado como estatus “pasivos” e “inmaduros”, generalmente relacionados con características más negativas, como mayor conformismo o convencionalidad, menor autonomía y razonamiento moral.


Modelo secuencial de formación de identidad

Según el modelo secuencial de Grotevant (1987), la exploración es el proceso subyacente al desarrollo de la identidad y consiste en el:

«comportamiento de resolución de problemas destinado a obtener información sobre uno mismo o el entorno para tomar una decisión sobre una elección de vida importante».

Grotevant, 1987, p. 204

Desde una perspectiva constructivista, durante el proceso de exploración de la identidad se producen procesos de asimilación de nueva información, en la estructura identitaria existente, y acomodación de la estructura identitaria previa mediante nueva información.

Los compromisos que la persona adquiere como resultado de la exploración se integran en un sentido de identidad, contribuyendo a un sentimiento de continuidad personal a lo largo del tiempo (Dunkel, 2005).

En la medida en la que la persona progresa adoptando compromisos, se van generando cinco factores que interactúan entre sí:

  1. Expectativas y creencias iniciales que guían el proceso de exploración;
  2. Conductas para poner a prueba distintas hipótesis;
  3. Grado de implicación afectiva en los compromisos existentes;
  4. Grado en que se consideran las alternativas atractivas o factores en contra que puedan justificar una mayor exploración;
  5. Evaluaciones intermedias del progreso realizado para valorar si es necesaria una mayor exploración.

El jóven adulto está llamado a evaluar hasta qué punto la identidad recientemente consolidada le resulta satisfactoria, concordante con sus deseos y en qué medida encaja con sus contextos de interacción social. Esta evaluación influirá en la orientación y motivación para llevar a cabo una reevaluación de su propia identidad y reconsiderar alternativas (Crocetti, Rubini y Meeus, 2008).

Si los compromisos se consideran insatisfactorios, el jóven adulto puede reanudar el proceso de exploración. Esta reevaluación de los compromisos puede estar relacionada con cambios de situación, crecimiento personal u otra información nueva (Schwartz, 2001).

En todo este proceso de exploración y asunción de compromisos la formación tiene un rol central en el proceso de evaluación continua del compromiso identitario y, por ello, existe una influencia reciproca entre formación y evaluación de los compromisos (Grotevant, 1987) .

Modelo del desarrollo de la identidad personal orientado al proceso

El modelo del desarrollo de la identidad orientado al proceso de Luyckx, Goossens, Soenens y Beyers (2006) propone que la construcción de la identidad implica cinco estadios, posiciones o dimensiones relacionadas entre sí. Se inspira en el paradigma del estatus de identidad de Marcia (1966), Grotevant (1987) y de Bosma y Kunnen (2001).

Según este modelo, la exploración va definida en términos de amplitud (exploration in breadth) y profundidad (exploration in depth), mientras que el compromiso se puede definir en términos de adquisición de compromisos (conmitment making) e identificación con el compromiso (identification with conmitmnent).

En estos términos la exploración implica tanto un barrido de opciones posibles como una evaluación en profundidad de los compromisos y elecciones preexistentes (Bosma & Kunnen, 2001). Es decir que la exploración implica:

  1. una menor o mayor amplitud de recopilación de información sobre opciones posibles para comprometerse (exploration in breadth),
  2. una menor o mayor profundidad con la que el individuo habla con su entorno acerca de sus compromisos actuales, buscando evaluar cómo estos encajan con sus metas y estándares personales (exploration in depth).

Por otro lado la dimensión del compromiso implica:

  1. adquirir un compromiso (conmitment making),
  2. identificar, internalizar y estar seguros de la elección (identification with conmitmnent).

De esta manera, la persona es un agente activo de su propio desarrollo (Lerner et al., 2005) y el compromiso es un componente relevante en la construcción de su propia identidad (Bosma, 1985; Ryan y Deci, 2000; Waterman, 1990)

Las cuatro dimensiones de identidad (exploración en amplitud, exploración en profundidad, adquisición de compromisos e identificación con el compromiso) se integran en un único modelo acerca del desarrollo de la identidad (Luyckx et al., 2006).

La exploracion en amplitud y el compromiso (commitment making) representan la manera en que los compromisos se forman, mientras que la exploracion en profundidad y la identificación con el compromiso representan la forma en que los compromisos se evalúan.

Posteriormente, se incluyó una quinta dimensión: la exploracion rumiativa (rumiative exploration), que se caracteriza por la presencia de dudas, indecisión y dificultades en la toma de decisiones (Trapnell y Campbell, 1999).

Exploración en amplitudAdquisición de compromisosExploración en profundidadIdentificación con el compromisoExploración rumiativa
Logro (achievement)AltoAltoAltoAltoBajo
Ejecución (foreclosure)BajoAltoBajo Alto Bajo
Moratoria (moratorium)AltoBajo AltoBajoAlto
Difusión (difussion)Medio-bajoBajoMedio-bajoBajoAlto (difusión difusa)
Bajo (difusión despreocupada).

Es relevante remarcar que no todas las dimensiones de identidad se encuentran presentes en las personas en el mismo grado.

El modelo de Luyckx et al. (2006, 2008) mantiene los cuatro estatus de identidad identificados por Marcia (1966), introduciendo un quinto cluster o estatus indiferenciado, que se caracteriza por puntuaciones moderadas en las cinco dimensiones de identidad y niveles moderados de ajuste.

Por cuanto atañe al estatus de moratoria, parece que la naturaleza de crisis de este estatus descrita en la literatura (Stephen et al., 1992) puede reflejarse en mayores niveles de preocupación, duda y rumiación con respecto a la exploración de aspectos relacionados con la identidad.

Según esto, las personas en estatus de moratoria tienen mayor probabilidad de buscar apoyo debido a su posición de crisis con respecto a la identidad. El hecho de que exploren distintas alternativas sin ser capaces de focalizarse en un conjunto limitado de opciones puede provocar ansiedad (Kroger, 2003).

En el caso del estatus de difusión, caracterizado por bajo compromiso y niveles medio-bajos de exploración, se pueden distinguir dos estatus en función de los niveles de exploración rumiativa:

  • Difusión difusa (diffused difusion), en el que la persona intenta explorar pero la exploración se ve limitada por la aparición de preocupaciones y rumiaciones. Esta dimensión se distingue por una elevada puntuación en exploracion rumiativa y es el menos adaptado de los dos clusters.
  • Difusión despreocupada (carefree difusion), en el que la persona está poco o nada preocupada por cuestiones de identidad. Este nivel se caracteriza por menor puntuación en exploración rumiativa y puntuaciones de ajuste más elevadas.

Referencias

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