El apego es un vínculo profundo que se establece entre el niño y sus cuidadores desde el nacimiento, permite desarrollar nuestra manera de ser, de vivir las relaciones cercanas e influye posteriormente en las relaciones adultas, en cómo enfrentamos las dificultades y los conflictos.
Si en la niñez nos hemos sentido amados y cuidados, una vez en la etapa adulta buscaremos nuevas relaciones de aceptación y amor. De lo contrario, podemos llegar a tener pensamientos del tipo de que nadie nos va a querer.
Distintas investigaciones demuestran que las personas con un estilo de apego seguro tienen mayor probabilidad de alcanzar un nivel elevado de intimidad en las relaciones adultas, mayor motivación y expectativas positivas en las relaciones de pareja, mayor calidad relacional y estrategias de adaptación, relaciones más duraderas y estables.
Además, tienden a ser menos beligerantes en la relación de pareja y, en los momentos de conflicto, no devalúan a su pareja, porque cuentan con una buena autoestima y son capaces de de regular sus emociones negativas con la figura de apego.
