Las competencias narrativas

Las competencias narrativas consisten en un conjunto de habilidades que permiten al niño, al adolescente y al adulto contar y contarse a partir de recuerdos, representaciones mentales y de la propia experiencia.

Según Jerome Bruner (1990) la narración es una forma del pensamiento que se solapa con el día a día de nuestra vida, en contraposición con otra forma de pensamiento más categórico o paradigmático (que clasifica y busca leyes estables causa-efecto a los acontecimientos). Los seres humanos utilizan la narración en la vida cotidiana tanto para dar sentido al contexto social y relacional en el que se mueven como a sí mismos. De esta manera, el hecho de contar historias y acontecimientos personales facilita el uso del lenguaje que, en la modalidad narrativa, se convierte en una herramienta poderosa tanto de supervisión y elaboración de las experiencias como de predicción de acontecimientos futuros.

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Aburrimiento y búsqueda de alternativas

El aburrimiento o “taedium vitae” es un afecto normal si es transitorio. Se caracteriza por ausencia de interés y monotonía, sensación de quietud y ralentización de la percepción del tiempo, falta de atención y sentimiento de vacío interior, aplanamiento y decoloración emocional.

Se puede convertir en patológico si tiende a persistir y a configurarse como un estado afectivo exclusivo dominante de la persona.

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Quitar el pañal

Cuando se acerca el verano una idea muy frecuente en las familias es la de “quitar el pañal”, aprovechando el buen tiempo. 

En estos casos es importante tener presente que lograr el control de esfínteres no es lo mismo que quitar el pañal y se necesita algo más que buen tiempo. 

El control de esfínteres depende del ritmo y del momento de desarrollo del niño y no de nuestro deseo de querer dejar de cambiar pañales.

En nuestra sociedad, a veces, no es tan fácil decidirnos por un modelo de entrenamiento y otro de aprendizaje natural porque, aunque quisiéramos respetar los ritmos del niño, existen demandas externas (cómo por ejemplo el inicio del colegio) que exigen a los padres que medien en este proceso de aprendizaje.

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II Jornada de Educación y TEA, 27 de junio 2018, 9.00 am, UEM Alcobendas (Madrid)

La II Jornada de Educación y TEA se enmarca dentro del proyecto “Programa de Apoyo y descanso para familiares y cuidadores de personas con discapacidad” que desarrolla la Federación Autismo Madrid con la colaboración de la Universidad Europea de Madrid Luria Psicología.

La Jornada se llevará a cabo el próximo 27 de junio 2018 (9:00 – 14:00) en el Salón de Grados del Campus de Alcobendas y se centrará sobre “Competencias Relacionales, Terapéuticas y Educativas en el ámbito Infantojuvenil”.

La jornada contará con las ponencias de David Lobato, Psicólogo Responsable de Formación de Luria PsicologíaLuis Pérez, director de la escuela AUCAVI-sur y Guadalupe Montero, directora del Colegio de Educación Especial Alenta.

A continuación, se celebrará una mesa redonda sobre “Situaciones complejas en la práctica profesional con niños y adolescentes con Trastornos del Espectro del Autismo” formada por:

Participarán en la jornada Ismael Sanz Labrador (Director General de Becas y Ayudas al Estudio de la Consejería de Educación e Investigación de la Comunidad de Madrid), Manuel Nevado (Presidente de Federación Autismo Madrid), Giuseppe Iandolo (Director del Máster de Psicología del Desarrollo Infantojuvenil de la Universidad Europea), Lucila Andrés Diez (Directora Clínica de Luria Psicología) y Luis Pradillos (Director de Federación Autismo Madrid).

La inscripción requiere reserva de plaza y es gratuita: pinchando aquí…

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Cómo reaccionar a suspensos y recuperaciones

Llega el final del curso escolar y, para algunos padres, también el momento de afrontar las temidas asignaturas suspensas y las correspondientes recuperaciones. En estos momentos es posible que se planteen dudas acerca de cómo reaccionar ante la situación, cómo evitar que se repita o cómo llegar a entender qué ha podido ocurrir durante el curso.

A pesar de ello, tomando en consideración el escaso espacio temporal entre el suspenso y la recuperación, resulta relevante remarcar que como padres deberíamos centrarnos más en apoyar que en reprender a nuestro hijo.

Es natural que el fracaso de nuestro hijo nos genere cierta frustración. Sin embargo, si queremos obtener algo positivo de la experiencia actual, tendremos que esforzarnos en superar nuestro enfado y aprovechar para enseñar a nuestro hijo a tolerar y corregir los errores.

suspensos y recuperaciones

Analizar el motivo del suspenso: ¿qué es lo que ha pasado?

Dependiendo del motivo del suspenso, la actitud parental debería tomar distintas direcciones: no es lo mismo reaccionar ante la falta de interés o esfuerzo que ante una dificultad para comprender o manejar una asignatura determinada.

En el primer caso, un aspecto fundamental es intentar comprender las causas de la falta de interés de nuestro hijo. La presencia de menor motivación escolar puede estar relacionada con aspectos emocionales más complejos que se deben abordar con el fin de ayudar a nuestro hijo a sacar adelante el curso.

Cuando las dificultades se relacionan con menor comprensión o manejo de una o varias asignaturas puede resultar de ayuda conocer con detalle cuáles son las dificultades específicas de nuestro hijo.

Estas pueden estar relacionadas con dificultades de aprendizaje, técnicas de estudio ineficaces, dificultades motivacionales o con el propio sistema académico. También se debe contemplar la posibilidad de que existan otros factores que hayan influido en el rendimiento en los exámenes finales, como por ejemplo el cansancio, dificultades de sueño,  estrés o ansiedad.

suspensos y recuperaciones

Cuidado con las atribuciones del tipo: “No es mi culpa, es el profesor que explica mal”
Es importante que nuestro hijo aprenda a asumir su parte de responsabilidad, reconociendo que en el caso de no haber entendido al profesor por ejemplo, podría haber intentado comprender la asignatura por otros medios antes de llegar el examen final.

Más allá de buscar culpables, un aspecto fundamental que como padres deberíamos tener en cuenta a la hora de reaccionar y gestionar las recuperaciones es ayudar a nuestro hijo a comprender que, en casos de dificultad futura, puede y debe acudir a los padres o profesores.

Pedir ayuda cuando se necesite es una competencia académica que se desarrolla junto con otros tipos de aprendizajes más formales, permite asumir y afrontar las dificultades de manera más realista, sin esperar que las cosas se resuelvan mágicamente por sí solas.

Algunas claves para ayudar al alumno a gestionar suspensos y recuperaciones

  • Permítile que asuma y rectifique su error, sin generarle excesivos sentimientos de culpabilidad.
  • Transmítele confianza a la hora de reanudar su proceso de estudio: va a enfrentarse de nuevo a la situación de evaluación en la que previamente no ha tenido éxito. 
  • Ayúdale a organizarse, a crear un horario y un plan de estudio para las asignaturas suspensas.
  • Recuérdale con claridad sus obligaciones sin presionarle: explicarle sus propias responsabilidades debe necesariamente conllevar la posibilidad de asumir un papel más protagonista y activo en la organización del estudio.
  • Ayúdale a analizar y reflexionar sobre las posibles dificultades que hayan podido surgir en el examen anterior, para evitar que se repitan.
  • Promociona también el descanso y la distracción: una buena técnica de aprendizaje conlleva tiempo de estudio no superiores a los 45 minutos seguidos de breves descansos, sin contar la necesidad de tiempos  más largos de descanso para despejarse de las obligaciones.
  • En conclusión, apóyale  en positivo, animándole a creer y apostar por sus propias competencias  para superar las dificultades con constancia pero sin ansiedad y miedo al fracaso.

Viajar en familia con Airbnb

Se acerca el verano y con él las tan deseadas vacaciones. Algunos ya las han planificado mientras que otros siguen indecisos, ¿elegiré montaña o playa? ¿territorio nacional o saldré fuera? Si tenemos hijos la planificación puede resultar un poco más complicada, hay que consensuar decisiones teniendo en cuenta a todos los miembros de la familia. A pesar del esfuerzo que requiere organizar un viaje en familia, una cosa está clara: las vacaciones son el momento perfecto para recargarnos emocionalmente y recuperar nuestra relación con la pareja y los hijos.

¿Lo mejor de un viaje en familia? Viajar con hijos sintiéndose parte del lugar…

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Por qué nos deprimimos

Los distintos tipos de depresión pueden relacionarse tanto con una causa objetiva y observable (luto, separación, adaptación a un cambio, enfermedad, dolor físico, etc.) como con aspectos internos a la persona, más relacionados con su forma de percibir y experimentar distintas circunstancias.

Cada persona percibe e interpreta sus experiencias desde un punto de vista único y personal, influido por su personalidad y por su  nivel de competencia emocional y de elaboración de la información.

Además, tanto experiencia previa como el momento vital en el que se encuentre la persona tendrán una gran influencia en que, lo que en un momento puede parecernos menos relevante, en otro se convierte en un problema aparentemente irresoluble.

Por este motivo, que un hecho o situación concreto pueda o deba generar malestar en una persona es un aspecto difícilmente valorable de manera objetiva y estática, en tanto que cada persona experimenta, interpreta y, en consecuencia, se ve afectado por los acontecimientos, de una manera distinta y dinámica.

Lo que transmite el entorno

En situaciones en las que nos encontramos más indefensos y desorientados, podemos optar tanto por buscar el apoyo en los que nos rodean como por aislarnos, intentando evitar preocupaciones o malestar en los demás.

También a la hora de buscar apoyo y ayuda, la elección vendrá determinada tanto por nuestras características de personalidad, como por nuestros mecanismos de afrontamiento, experiencias previas y por el tipo de relaciones con el entorno más cercano.

De manera habitual, y en muchas ocasiones como parte de la propia sintomatología, la persona que padece síntomas depresivos se siente incomprendida, alejada del entorno y preocupada por la impresión que puede llegar a generar en los demás.

Todo el mundo me dice que no piense en ello y siga adelante”, “lo que me pasa es una tontería” o “soy menos capaz que los demás” son pensamientos que de forma habitual pueden aparecer en personas con un estado de ánimo bajo. Este tipo de pensamientos tendrán un peso relevante a la hora de solicitar ayuda y compartir las propias emociones y preocupaciones.

Algunas claves para afrontarlo
  • No ocultes tu malestar, no te lo guardes para ti, exprésalo y compártelo. 
  • Acepta tus propias emociones tanto negativas como positivas y busca lo que las genera.
  • Evita culparte por tu propio estado de ánimo.
  • Asume un papel activo para cambiar la situación.
  • Busca ayuda, ya sea en el entorno cercano como en profesionales cualificados (psicólogos, psiquiatras) que puedan proporcionarnos una guía y apoyo en el afrontamiento de la situación actual.

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Estilos educativos y sus efectos en el desarrollo infantojuvenil

Cuando nace un hijo muchos progenitores, sobre todo los primerizos, buscan un manual de “buenas prácticas” para saber cómo desarrollar de la mejor manera la difícil tarea de ser padres. La mala noticia es que este manual no existe. La buena es que sí se puede hacer algo para promover un sano desarrollo psicológico y social en nuestros hijos.

La palabra educar viene del latín «educere» (ex ducere) que significa sacar lo mejor de alguien, encaminar, apoyar el desarrollo de facultades intelectuales y morales. Es decir que conlleva muchos significados diferentes, pero su sentido más importante, en el que se centra esta reflexión, se refiere al fomento de la propia autoestima y del respeto hacia los demás.

Esto conlleva que uno de los principales retos educativos de los padres es dotar a los hijos de conocimientos y habilidades que les permitan ser lo más autónomos posibles, fomentando competencias de relación, convivencia colaboración con los demás.

Para alcanzar estos objetivos es fundamental tener en cuenta nuestras limitaciones como educadores, intentando modificar algunos aspectos personales que sabemos que podrían afectar al desarrollo psicosocial de nuestros hijos. Cabe por tanto preguntarse: ¿Cuál es y cómo influye nuestro estilo educativo en el desarrollo de nuestros hijos?

Vamos entonces a explorar las características de los cuatro principales tipos de estilo educativo: autoritario, permisivo, sobreprotector y democrático (o asertivo).

Estilo autoritario

Los padres con un estilo autoritario centran mucho la educación de los hijos en las normas. En teoría esto estaría bien si no fuera por el hecho de que en este tipo de familias las normas son impuestas por un único líder: el padre o la madre.

Otro problema radica en el hecho de que tales normas se modifican según el criterio del progenitor que las ha creado, sin una estructura fija y consensuada.

Por ejemplo, una madre puede establecer que su hijo adolescente no puede fumar, pero ella lo hace. Otra norma autoritaria puede ser exigir llegar puntuales a la hora de la cena, pero papá siempre llega tarde. En una dinámica de este tipo las obligaciones son impuestas y se vive en un clima de peleas constantes, con pocas situaciones positivas y placenteras.

Actuar de esta forma no ayuda a los hijos a diferenciar entre lo que está bien o mal. Puede generar una baja autoestima ya que no se puede hacer nada para entender o cambiar estas normas. Se tienen que acatar los cambios impuestos sin poder actuar. Vivir bajo este estilo autoritario puede provocar problemas de socialización, fomentando la costumbre a ser pasivos.

Estilo permisivo

Los padres con un estilo permisivo creen que los hijos deben  autorregularse solos en muchos ámbitos: en la comida, en el sueño, en los deberes, etc. Como consecuencia de ello no se establecen normas.

Este estilo se puede resumir en creencias del tipo: “si mi hijo no quiere hacer algo cuando yo se lo pida, lo hará cuando tenga ganas”, “ si mi hijo no quiere hacer los deberes, que no los haga, será él que se lo contará  al profesor”.

Esta manera de relacionarse se aplica en muchos otros ámbitos de la vida de la familia y de los hijos,  por ejemplo: no se siguen horarios fijos, cada uno come a la hora que quiera y no hay refuerzos ni castigos.

De esta manera los padres creen que los niños tienen que responsabilizarse solos, sin la ayuda o el apoyo de los adultos, en relaciones familiares en las que cada miembro sigue su propio criterio, llegando en ocasiones a descuidar al niño y sus necesidades.

estilos educativos

Los padres que adoptan este estilo educativo evitan enfrentarse por ejemplo a una rabieta de su hijo pequeño por miedo, desembocando en escenarios donde el hijo se transforma en un «tirano», en un pequeño «dictador» que mueve los hilos de la familia.

Creciendo con un estilo permisivo, el hijo se vuelve irresponsable, con dificultad de empatía a la hora de ponerse en el lugar de los demás y de poner en marcha conductas pro sociales. Además, tenderá a experimentar ansiedad, a causa de la falta de límites y modelos de comportamiento para orientarse.
Estilo sobreprotector

Los padres con un estilo educativo sobreprotector se preocupan de manera excesiva por la incolumidad emocional de su hijo.

Como consecuencia, intentan evitar al hijo todas las posibles frustraciones, ante el temor de que pueda sufrir de una forma irreparable el resto de su vida.

Los padres sobreprotectores a menudo demuestran cariño y amor a su hijo de forma indiscriminada, reforzando su actitud de evitar las dificultades. Se sienten culpables de no conseguir eliminar todas las posibles causas de malestar de la vida del hijo y tienen miedo a que el hijo sea independiente, generando en ellos inseguridad y escasa iniciativa.

estilos educativos

Este estilo se puede resumir en creencias del tipo: “mi hijo nunca debe experimentar ningún tipo de frustración”, “cada dificultad es traumática para mi hijo”, “tengo que evitar a toda costa que mi hijo sufra”.

Actuar de esta manera constituye un problema, ya que se impide al hijo aprender a tolerar frustraciones y enfrentarse a las dificultades. Se corre el riesgo de que crezca con un nivel muy bajo de tolerancia a la frustración y que se estrese ante los más mínimos problemas, provocando en ellos una falta de reacción diferente a las opciones contempladas en el entorno familiar.

Estilo democrático

En una familia que aplica un estilo educativo democrático existen normas, pero estas normas no son estrictas, son claras.

Esto significa que se van ajustando a las necesidades de los niños y se puede consensuar con flexibilidad, teniendo en cuenta la opinión de todos para tomar decisiones.

No existe un verdadero líder sino esta función puede pasar de un miembro a otro según lo consensuado.

Este estilo se puede poner en marcha también con niños muy pequeños y esto no significa que sean ellos los que “manden” en casa. Significa sencillamente pedir la opinión de los miembros de la familia sobre hechos pequeños, como por ejemplo, qué hacer el fin de semana, si salir en bicicleta o a andar, qué día salir fuera a comer, etc. De esta manera todos los miembros de la familia pueden elegir, incluso los más pequeños.

Tener la posibilidad de elegir y tomar decisiones consensuadas en familia es muy importante para un sano desarrollo psicosocial: se aprende a ser asertivos, a expresar lo que uno piensa respetando a uno mismo y a los demás.

estilos educativos

Los padres pueden favorecer el desarrollo de la asertividad  ya desde edades tempranas (2-3 años), preguntando a su hijo, por ejemplo, qué camiseta desea ponerse, en qué silla quiere sentarse para cenar o en qué parque prefiere jugar.

Un estilo democrático (o asertivo) es un estilo abierto al diálogo y a la comunicación, ayuda a desarrollar seguridad en uno mismo, a ser conscientes de que se tienen en cuenta los deseos y sentimientos de uno mismo. Por tanto se subraya la necesidad de tener siempre en consideración tanto el propio punto de vista como el de los demás desde el respeto mutuo, sin ser intrusivos u hostiles.

Referencias

Di Pietro, Mario: “L’ABC delle mie emozioni”, Trento, Erickson
Di Pietro, Mario: “L’educazione razionale-emotiva”, Trento, Erickson
Ellis, A. “Manual de terapia racional emotiva”, Editorial Desclee

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Abril y Mayo 2018: dos eventos sobre TEA en Madrid

En abril y mayo 2018 hay dos eventos muy interesantes en Madrid sobre Trastornos del Espectro del Autismo (TEA).

El primer evento es la Jornada sobre TEA y Deporte organizada por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y Deporte de la Universidad Europea de Madrid junto con Fundación Real Madrid y Fundación AUCAVI en el Auditorio A del Campus de Villaviciosa de Odón de la Universidad Europea.

La jornada, dirigida a profesionales, alumnos y familias, es gratuita y se realizará el viernes 20 de abril 2018 a partir de las 9.00 a.m

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El segundo evento es el Curso de intervención Psicoeducativa en TEA organizado por Fundación AUCAVI en la sede del Colegio Aucavi Sur, Getafe (Madrid).

Se trata de un curso de 100 horas en 5 semanas en abril y mayo 2018 (viernes 13-20-27 de abril y 4-11 de mayo),  dirigido a estudiantes y licenciados que se dedican al ámbito educativo y social que deseen especializarse en intervención psicoeducativa en los Trastornos del Espectro del Autismo.

El curso proporciona una acreditación y acceso a la bolsa de empleo de AUCAVI. Hay 20 plazas disponibles y el coste del curso es de 350€. El plazo de inscripción es hasta el 5 de abril de 2018.

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Rendimiento académico: expectativas e implicación familiar


Las expectativas parentales influyen tanto en la forma en que los hijos perciben sus capacidades, como en el esfuerzo y la relevancia que otorgan a los resultados académicos. Indirectamente, los padres transmiten un mensaje a los hijos acerca de la percepción (subjetiva) que tienen sobre sus capacidades, la importancia del esfuerzo y ciertas metas a alcanzar. En los casos en que las expectativas parentales son más elevadas, pueden servir como impulso para avanzar y esforzarse en el ámbito académico.

Otra forma de apoyar el rendimiento académico de los hijos se encuentra en la implicación parental en los aspectos de la vida académica. Aspectos como el apoyo con los deberes, la comunicación con los profesores, la participación en actividades escolares y el fomento de actividades estimulantes influyen en el desarrollo de competencias académicas y favorecen buenas condiciones para el aprendizaje.

El papel de la familia es el de encontrar una forma de transmitir estas expectativas al alumno, generando confianza, manteniendo siempre expectativas razonables y alcanzables, y aceptando que se va mejorando por el camino. Lo importante es buscar el equilibrio entre los propios deseos y fantasías personales como padres y los deseos, expectativas y necesidades de los hijos para que aprendan a sentirse satisfechos con sus propios resultados, a aceptar los errores y a encontrar la motivación para seguir avanzando.

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